25 may. 2008

Reforma protestante: la desobediencia debida

La Reforma protestante (aun considerando la variedad de corrientes que surgieron del impulso inicial) tiene un énfasis particular que la identifica: rompe con un sistema opresivo en el que la religión, a través de una estructura eclesial de jerarquías sucesivas, determina y controla todos los ámbitos de la realidad social. Ciertamente, la pirámide eclesial medieval asentaba su autoridad y su poder en un andamiaje sostenido por códigos y normas reunidos a lo largo de siglos en el Derecho Canónico.

En su "protesta" contra este sistema, el movimiento de Reforma estableció a la Biblia como única norma y principio legitimador de su acción. Fiel a su carácter "desobediente", los iniciadores del movimiento expresaron en actos simbólicos la ruptura con el sistema vigente. Al quemar en la hoguera, como mera colección de tradiciones "heréticas", los tomos del Derecho Canónico (el 10 de diciembre de 1520, en las afueras de la ciudad de Wittenberg) , Martín Lutero y su grupo de seguidores dejaron en claro que su intención no era corregir los abusos o desprolijidades del sistema vigente, sino cuestionarlo desde sus mismos fundamentos.

Una característica esencial del sistema totalizador medieval era su gradualidad. Mediante una serie de escalones sucesivos, las personas podían acceder desde su realidad terrena (cotidiana y "pecaminosa") hasta la salvación divina (eterna y redimida). Pero ese peregrinaje únicamente lo podían emprender a través de los espacios, objetos, obras y ritos sagrados, que a tal fin les proporcionaba la estructura eclesial. Y como la gradualidad es cuantificable, en ese sistema de mediación eclesial nada era gratuito. Cada paso hacia la salvación requería un esfuerzo individual de las personas en acción, especies o dinero.

La "protesta" del movimiento der Reforma hace estallar ese sistema de mediación gradual de la salvación divina porque reorienta la vida cristiana en torno a un solo eje: la gratuidad (sola gratia). En la relación entre Dios y los seres humanos todo es gratuito. Basta que las personas confíen en él (sola fide) para que Dios les obsequie salvación y las haga partícipes de su justicia. Para lograr esa certeza cualquier persona no necesita más que la palabra de Dios tal como está contenida en la Sagrada Escritura (sola scriptura); palabra que ella misma puede comprender perfectamente con la ayuda del Espíritu Santo, que no suele fijarse en rangos ni jerarquías. En la vida de cada creyente la certeza en cuanto a su salvación se vuelve visible en el seguimiento de Jesús. Los creyentes no rehuyen el riesgo de la cruz (crítica y persecución), porque saben que Cristo no la rehuyó y resucitó.

Esta nueva propuesta de relación con Dios, centrada en torno al eje de la gratuidad, terminó por despedazar el anterior sistema de la gradualidad. Y como en esta nueva perspectiva de fe cada creyente bautizado (varón y mujer) accede a Dios en forma directa, de hecho es un/a sacerdote (sacerdocio universal). La anterior estructura eclesial de mediación clerical se vuelve superflua.

Inicialmente esta "protesta" se formuló en oposiciones muy simples, perfectamente comprensibles para el común de la gente:
Palabra de Dios contra palabra de humanos; Sagrada Escritura contra Derecho Canónico; derecho divino contra mandatos humanos; Cristo (pobre y pacífico) contra un Sumo Pontífice (opulento y guerrero), comunidad cristiana ("iglesia desde abajo") contra jerarquía Romana ("iglesia desde arriba"); servicio a los/las creyentes con predicación y cura de almas contra explotación a manos del clero; confianza en la bondad de Dios contra reaseguro en méritos propios; adhesión únicamente a Cristo contra recurso a santos/as mediadores/as; comunión solidaria entre los/as creyentes contra sacrificio eucarístico realizado por sacerdotes; libertad de obediencia contra sujeción a los ídolos.
Estos contrastes tan marcados revelan que la teología de la Reforma protestante en sus comienzos claramente se presentó como alternativa, como desobediencia y ruptura con el sistema eclesial y teológico vigente.

La popularización de esos contrastes y por ende de la desobediencia al anterior sistema, no sólo se impulsó mediante actos simbólicos o a través de predicaciones, sino también a través de la imagen impresa.


El renombrado artista Lucas Cranach (responsable del diseño gráfico de los grabados) representa a Jesús en medio de la sociedad contemporánea. Los atuendos de la gente que aparece en los grabados (a excepción de Jesús y sus discípulos) son los típicos de la sociedad alemana en esa época. La identificación que se establece entre el Pontífice Romano y la figura bíblica del anticristo, ubica el conflicto que se plantea entre Wittenberg y Roma en el tiempo previo a la segunda venida de Cristo. En cierta medida la urgencia de optar por uno u otro de ambos “modelos” también es un mensaje que este panfleto trasmite a la gente común.

En total se conocen siete ediciones de este Passional en idioma alemán (impresas todas ellas en el correr de 1521) y una edición en latín. Si para cada edición se calcula una media de 600 a 1.000 ejemplares, circularon entre 4.200 y 8.000 copias de este panfleto; estimando un efecto multiplicador de unas diez personas por copia, entre cuarenta y ochenta mil personas vieron y seguramente discutieron el contraste entre una opción de fe evangélica y otra eclesial tradicional.

Par 3: Cristo lava los pies de los discípulos, Juan 13 (V. 14-17) como signo de amor y humildad. – El Papa se esfuerza por imitar a tiranos y príncipes paganos, haciéndose besar los pies [en señal de sumisión] como ellos; así se cumple lo que está escrito en Apocalipsis 13 (V.15): Todo el que no adorase la imagen de la bestia será muerto.

Par 12: Cristo expulsa a los mercaderes del templo, Juan 2 (V.14-16). – El Anticristo sentado en el templo de Dios, 2 Tesalonicenses 2 (V.4) modifica todo lo que Dios ha ordenado y trafica dispensas, indulgencias, sedes episcopales y beneficios.

* Publicado en Vida Abundante (IERP/ Buenos Aires) 107:5 (Sept/Oct 2002) pp.8-9
Ver tb. Laura Ronchi De Michelis (ed.), Martin Lutero: Replica ad Ambrogio Catarino sull' Anticristo (1521) / Antitesi illustrata della vita di Cristo e dell' Anticristo (1521); (Torino 1989).

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