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16 may 2008

Llamados a resistir en nombre del Altísimo

El 17 de febrero de 1998, a la edad de 91 años, falleció Ernst Käsemann. Así, sin ningún otro título, decidió que figurara en el aviso de su fallecimiento. Como lema del mismo eligió el versículo: Señor, Dios nuestro, nos dominan otros señores fuera de ti, pero sólo te recordaremos a ti y a tu Nombre (Isaías 26,13).

"Muchacho, ¿acaso no sabes quién es Ernst Käsemann? – me preguntó el profesor Hans Mallau, docente de hebreo y Antiguo Testamento, mientras me presentaba a un hombre y a su esposa en un pasillo de la Facultad de Teología (ISEDET). Corria el año 1976, yo recién iniciaba mis estudios de teología y, efectivamente, aún no sabía quién era ese hombre ya mayor que estaba en Buenos Aires visitando a una hija –la socióloga Elisabeth Käsemann- que desde 1970 vivía y trabajaba aquí. “Bueno, si estudias teología, ya te vas a enterar." Y el tiempo habría de darle la razón.


Pastor confesante

Ernst Käsemann había nacido el 12 de julio de 1906 en Bochum-Dahlhausen (Alemania). En 1931 terminó sus estudios de teología evangélica y desde 1933 se desempeñó como pastor en la congregación obrero-minera de Gelsenkirchen –Rotthausen, en la región del Ruhr. En 1946 comenzó a enseñar Nuevo Testamento, primero en Mainz, luego en Göttingen y finalmente en la universidad de Tübingen, hasta su emeritación en 1971.

Käsemann fue una figura sumamente importante para las generaciones de teólogos y teólogas evangélicos formadas después de la segunda guerra mundial. Ya antes de ésta como pastor de su congregación se había resistido a que los Cristianos Alemanes, que con su “teología germánica” eran cómplices activos de la política nazi de sometimiento y anexión de todas las instituciones alemanas a partir de 1933. Käsemann luchó para que los Deutsche Christen no coparen los cargos de responsabilidad en su congregación y en la Iglesia Evangélica Alemana
Esta resistencia y su adhesión a los lineamientos de la opositora Iglesia Confesante le costaron ser encarcelado en 1937. Entre los integrantes del conjunto de bronces de su congregación, que los domingos después del culto iban hasta las inmediaciones de la prisión, para tocar himnos en solidaridad con su pastor preso, estaba el joven Karl Schwittay -pastor de nuestra Iglesia Evangélica en el Río de la Plata desde 1955.
A pesar de su valiente opción personal, Käsemann siempre fue muy crítico consigo mismo y con lo que él consideró el fracaso de la Iglesia Confesante para resistir eficazmente el avance de la ideología y el poder nazi dentro de ella. "¡Si se logró sobrevivir al tiempo nazi," -dijo años más tarde- ello significa, que no se le opuso la resistencia, que hubiera correspondido oponer!" Palabras que quizás haya pronunciado teniendo en mente a Dietrich Bonhoeffer, pastor y teólogo de su misma generación asesinado en el campo de exterminio Flossenbürg, en abril de 1945.
La experiencia de haber sido iglesia fragmentada e impotente ante el terror genocida del totalitarismo nazi marcó definitivamente la teología de Käsemann. "Todo el hacer y padecer del cristiano se resume, en última instancia, en una sola cosa: no temer ni amar a los otros dioses. La esencia del discípulo radica en la lucha contra los ídolos; una lucha que de pronto puede desarrollarse de modo sereno y amigablemente cortés, y luego con ira y sarcasmo, en un momento con superioridad, y después otra vez sufriendo y muriendo. El cristiano tiene prohibido entregar irrestrictamente su corazón a cualquier cosa o a cualquier persna."(1)

Teólogo crítico


Discípulo del gran especialista del Nuevo Testamento Rudolf Bultmann, Käsemann se formó en la tradición más radical del análisis “histórico-crítico” de la Biblia. Los estudios de esa corriente habían llegado a la conclusión, de que los textos del Nuevo Testamento nos presentan una imagen de Jesús que no corresponde a la realidad. En los relatos bíblicos Jesús siempre aparece transfigurado y enaltecido, Señor de la comunidad que cree en él y en su resurrección. Por lo tanto -y en esto Bultmann era inflexible- en el Nuevo Testamento no aparece el Jesús histórico, sino el Cristo de la fe de los discípulos.

Sin embargo, Käsemann fue un agudo crítico de su maestro Bultmann. Sabía que, aun cuando la fe pascual de las primeras comunidades había echado las bases del mensaje cristiano, los contenidos de éste no se remontaban ni ni exclusiva ni principalmente al impacto que la pascua de resurrección había causado en los seguidores del carpintero de Nazaret. Por eso enseñó a sus estudiantes que en los evangelios era posible encontrar rastros auténticos del Jesús pre-pascual.
Esos vestigios -si bien son pocos- asoman allí donde el mensaje de Jesús difundido por los evangelios no puede ser derivado del judaísmo que lo rodea, ni adjudicado al cristianismo primitivo que se encargó de transmitirlo. En especial, lo orignario de Jesús se puede descubrir en aquellos de sus dichos que los primeros cristianos decidieron “suavizar”, por resultarles demasiado audaces y radicales. Por eso Käsemann afirma que "desde la oscuridad de la historia de Jesús, ciertos rasgos característicos de su proclamación, se destacan perceptiblemente con relativa nitidez." (2) Este anclaje en la realidad histórica era, para él, clave para la pertinencia del mensaje cristiano y fue una de las marcas de su reflexión teológica.
En su libro La llamada de la libertad (1967), que lo hizo conocido más allá de los ámbitos académicos, Käsemann reivindicó los resultados de la investigación bíblica moderna en contra de los ataques de sectores conservadores que la rechazaban como amenaza para la iglesia evangélica en Alemania.
Como respuesta, y con claras referencias a la claudicación ante el Tercer Reich de muchos de sus opositores, afirmó: "La libertad del cristiano no nos es dada al nacer, e incluso después del bautismo el camino que conduce a ella lo fuimos encontrando con gran dificultad. Si al hacerlo resultó que nos volvimos un poco 'protestantes de izquierda' o incluso revolucionarios, la culpa no la tuvo nuestra educación, ni mucho menos nuestro deseo o voluntad propias. El mérito de ello corresponde exclusivamente a las iglesias y hermanos, que no nos dejaron otra alternativa, cuando en momentos difíciles y por su tradición conservadora se aislaron de nosotros, como en otro tiempo los cristianos palestinos de los helenistas. Así también a nosotros sólo nos quedó abierto el camino hacia los paganos, y a veces nos llevamos mejor con los ateos que con los propios camaradas en la fe. Algo que sin duda resulta lamentable, pero no incomprensible [...] La libertad tiene un precio y gustillo amargo aquí en la tierra, y por eso cantamos: 'En el cielo todo va a ser mejor, cuando con tus ángeles esté Señor'." (3)
Los cristianos viven esa vocación de libertad, -siempre a la luz de la Palabra- con hambre y sed de justicia, y en consecuencia bajo la cruz. En este sentido para Käsemann la importancia de la iglesia como institución pasa a un segundo plano ante el compromiso con los demás, al que ha sido llamado todo cristiano.
La doctrina sobre la iglesia y el movimiento ecuménico siguen teniendo cierto valor y élestá dispuesto a dedicarles tiempo y energía. "Pero" -afirma- ya no nos llegan a fascinar, porque ya ninguna teología de la gloria logrará fascinarnos. No negamos que en todo tiempo, aunque no en todas partes, haya existido y exista un santa iglesia cristiana. [...] Sin iglesia nos volveríamos nómades errantes. Sin ella ni siquiera los que luchan en la resistencia podrían sobrevivir. Pero ella no es más que la hermandad de los que invocan a Cristo como Señor, lo siguen y le sirven en el mundo entero. La única gloria de la iglesia es poder servirle a él. [...] Sólo uno reina en los cielos, por eso cuando la comunidad terrena se ve reflejada en el cielo, da comienzo la catástrofe terrena de la falsa autoridad y de la autoidolatría eclesial, que conduce a las inquisiciones y al público reclamo de derechos por parte de la cristiandad que, de hecho, sólo fue llamada para servir." (4)

Discípulo del crucificado


Acatar el señorío de Cristo en la tierra marca a los discípulos con la señal de la cruz. Ésta no les ahorra participar en las crueles luchas del tiempo presente; por el contrario, los involucra más intensamente en ellas. "Pero -dice Käsemann- no luchan para erigir un poderío, sino porque deben llegar a ser iguales a su Señor. No quieren conquistar el mundo, sino defender el reclamo que su Señor hace de la tierra, y lo hacen muriendo. Su meta no es derrocar lo constituido, sino atestiguar que está en camino aquél que todo lo hará nuevo. No son más que >guarda lugares< (Platzhalter) del creador en un mundo que se apartó, y por eso han de vérselas con aquellos que en nombre de sí mismos se levantan contra su Señor, que no entienden el poder como mandato que les delega el creador y que por eso abusan de él. En ese sentido los cristianos que se dejan convocar a la resistencia, no son sólo testigos del señorío de Dios y signo de su cumplimiento, sino al mismo tiempo son representantes de una creación profanada, los voceros de todos los oprimidos, son el pueblo en el desierto, que les recuerda a todos que hay que abandonar Egipto, porque sólo hay salvación en el éxodo." (5)
Käsemann tenía plena conciencia de que el dolor y el sufrimiento son consecuencia de la sed y el hambre de justicia que experimentan los cristianos. Y en 1977 el dolor desgarrador los embargó a él y a su esposa Margrit, cuando el terrorismo estatal de la dictadura militar argentina asesinó a su hija en Buenos Aires.
Elisabeth, que había estudiado sociología en Berlín durante los años de las revueltas estudiantil de fines de los '60, conoció América latina, mediante un viaje que le permitió palpar la miseria, la marginación y la opresión de millones de personas. En 1970 llegó a Buenos Aires, donde trabó amistad con estudiantes del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET). Decidió quedarse en Buenos Aires y comenzó a trabajar como asistente social, comprometiéndose luego en la lucha política por una mayor justicia social.
Así se vinculó al Partido Obrero (revolucionario trotskista), y no quiso abandonar la lucha, incluso cuando luego del golpe militar de marzo de 1976, la represión se hizo cada vez más brutal y violenta. A comienzos de 1977 estaba dedicada a obtener clandestinamente documentación falsa para que pudieran huir del país personas perseguidas. El 9 de marzo fue detenida y “desaparecida” por un grupo armado. Torturada e interrogada en el regimiento de Palermo, luego fue trasladada al campo de extermino “El Vesubio”, en el camino a Ezeiza. (6)
Mientras estuvo “desaparecida” sus padres hicieron grandes esfuerzos reclamando por su integridad física ante las autoridades militares argentinas. También el entonces profesor Hans-Hartmut Schroeder, que había sido alumno de Käsemann, trató de averiguar quiénes tenían a Elisabeth y dónde.
Todo fue inútil. El 26 de mayo de 1977, un comunicado firmado por el general Suárez Mason hizo "aparecer" a una tal "Isabella Kasermann", muerta en un supuesto tiroteo entre fuerzas militares y "guerrilleros" en la localidad de Monte Grande. El 4 de junio el médico de la embajada alemana reconoció uno de los cadáveres como el de Elisabeth. Cuando finalmente su padre pudo recuperarlo -previo pago a militares argentinos de una suma cercana a los 30 mil dólares- éste sólo evidenciaba signos de tortura y de balazos en la espalda.
Aquella trágica situación me encontró siendo ayudante del profesor Schroeder, y comencé a saber quién era Ernst Käsemann al mismo tiempo que me enteraba cómo eran "desaparecidos", torturados, violados y asesinados los opositores políticos en la Argentina del "Proceso de Reorganización Nacional".

Resistir sin falsas ilusiones


Volví a ver al profesor Käsemann y a su esposa varios años después, en una conferencia sobre derechos Humanos e intereses económicos en Argentina, organizada por la Academia Evangélica en Hofgeismar (Kassel), no lejos de Göttingen, donde yo estudiaba en aquel año 1985. Su discurso sereno, poderoso y tajante me impresionó profundamente. El dolor parecía haber acrisolado la radicalidad política de su teología.

"A la injusticia -que es inextirpable- deben limitarla en todo lo posible –sostuvo-. Como teólogo, no creo en una tierra plena de justicia ni tampoco la espero. Sé bien que el ser humano es malo, pero también que a la injusticia hay que hacerle frente en donde ésta se produzca: en la familia, el trabajo, la nación, o el mundo. Donde yo pueda ayudar a que el prójimo viva en forma humana, debo hacerlo; aunque sea el prójimo más alejado, aunque viva en la isla más pequeña del Pacífico. Estamos llamados por la justicia a resistir contra lo injusto. No más que esto, pero tampoco menos.
“Y así defino yo a la iglesia de Jesucristo hoy: debe ser el movimiento de resistencia del Altísimo sobre la tierra contra sus enemigos. Y entre ellos están no sólo Helmut Kohl y antes Helmut Schmidt -es decir, no se detiene en un solo partido- sino también los políticos argentinos y Ronald Reagan. Ellos son los representantes de los enemigos de Jesucristo sobre la tierra, a los que debemos resistir aquí mismo. Porque no es cierto lo que nos decía la Gestapo, que a nosotros los cristianos, como a los gorriones, nos pertenece el cielo, mientras la tierra les pertenece a ellos.
“Demostrar esto, contra todos, es para mi la tarea de los cristianos. Incluso aunque fracase en ese deber, muy probalemente fracasen y de todas maneras mueran. [...] Por eso, como cristiano no me animo a levantar la consigna: >¡Compañeros, venceremos!<>¡Compañeros, resistiremos!<"
Para Ernst Käseman, formar parte de la resistencia del Altísimo en la tierra contra las estructuras de opresión e injusticia -sin otro compromiso, sin otras lealtades- era la señal que identifica al discípulo en su libertad cristiana bajo la cruz. Y el seguimiento del Crucificado implica resistencia en todos los frentes.

(1) E. Käsemann Der Ruf der Freiheit (= La llamada de la libertad), 1967, p.104.

(2) E. Käsemann "Das Problem des historischen Jesus" (= El problema del Jesús histórico); en: Exegetische Versuche und Besinnungen (2), 1953, p.213.
(3) La llamada..., p.67.
(4) La llamada..., p. 124.
(5) La llamada..., p.146.
(6) Sobre la actividad de Elisabeth Käsemann en Buenos Aires, su desaparición y asesinato, se puede ver el video-film Elisabeth de Frieder Wagner, sobre libro y guión de Osvaldo Bayer.

Publicado en Revista Parroquial/IERP 103:5 (mayo 1998) 6-9

1 oct 1995

Un palo atravesado en la rueda del terror


Dietrich Bonhoeffer:
A cincuenta años
de su ejecución por el nazismo.

Poco antes de que la Segunda Guerra Mundial llegara a su fin, la madrugada del 9 de abril de 1945, fueron ahorcados en el campo de exterminio de Flossenbürg varios prisioneros alemanes involucrados en una conspiración para atentar contra la vida de Hitler. Uno de los ejecutados era pastor luterano y profesor de teología. Luego de su muerte la influencia de su pensamiento creció y se expandió mucho más allá de los límites de su patria. El siguiente artículo ofrece una breve reseña de su vida y de la opción que lo llevó a la muerte a los 39 años de edad.

Sobre finales de 1942 el pastor luterano alemán y profesor de teología Dietrich Bonhoeffer, reflexionando sobre la situación en la que se encontraban él, su hermano mayor Klaus Bonhoeffer, sus cuñados Hans von Dohnanyi y Rüdiger Schleicher y otros integrantes de un grupo involucrado en planes de resistencia y atentado contra Adolfo Hitler y la plana mayor del Tercer Reich nacionalsocialista, escribió lo siguiente:

«Sigue siendo una experiencia de incomparable valor que, por una vez, nosotros hayamos aprendido a ver los grandes acontecimientos de la historia mundial desde abajo, desde la perspectiva de los excluidos, sospechados, maltratados, impotentes, oprimidos y escarnecidos, en una palabra: los que sufren. Sólo importa que durante este tiempo ni la amargura ni la envidia hayan devorado el corazón, para poder mirar lo grande y lo pequeño, suerte y desgracia, poder y debilidad; y que nuestra mirada para la grandeza, la actitud humanitaria, el derecho y la misericordia se haya vuelto más clara, más libre, más incorruptible. Es importante que el sufrimiento, antes que nuestro éxito personal, sea una clave más útil, un principio más fructífero para la atenta y activa exploración del mundo. Es importante que esta perspectiva desde abajo no se transforme en un tomar partido por los eternos insatisfechos, sino que desde una serenidad más elevada, cuyo fundamento en realidad está más allá del arriba o el abajo, hagamos justicia a la vida en todas sus dimensiones, para de ese modo avalarla (1)

¿Quién era este pastor de la Iglesia Evangélica de la Antigua Unión Prusiana, que después de dos años en las cárceles del régimen nazi fue asesinado junto con algunos de sus compañeros en la resistencia, el 9 de abril de 1945, en el campo de exterminio de Flossenbürg?

Pastor y profesor de teología

Dietrich Bonhoeffer había nacido en Breslau (Silesia) el 4 de febrero de 1906. Él y su hermana gemela Sabine fueron penúltimos en el grupo de ocho hijos del matrimonio formado por Paula von Hase y Karl Bonhoeffer. El padre, profesor de psiquiatría y neurología, se trasladó con su familia a Berlín en 1912, para asumir una cátedra universitaria. Ya con 14 años Dietrich había decidido estudiar teología evangélica. Inició sus estudios en la Universidad de Tübingen en 1923. Luego de un viaje a Italia en 1924, los prosiguió en Berlín, concluyéndolos a fines de 1927 con la obtención del doctorado. En su tesis, supervisada por el profesor Reinhold Seeberg, trató el tema de la iglesia como Comunión de los Santos, analizando su sociología desde una perspectiva dogmática y teológica. En 1928 comenzó a prepararse para el pastorado con un año de vicariato en la congregación de residentes alemanes en Barcelona (España).

De regreso en Berlín, a comienzos de 1929 se abocó a elaborar una segunda tesis académica en teología que lo habilitaría para la docencia universitaria. Terminada en apenas medio año, el 31 de julio de 1930 presentó su ponencia inaugural en la universidad, obteniendo así el permiso para enseñar. Paralelamente había cumplido ante la iglesia de la provincia Berlín-Brandeburgo los requisitos para la ordenación al pastorado. Sin embargo ésta debió posponerse por no haber cumplido la edad mínima exigida (25 años).

Bonhoeffer aprovechó el compás de espera para hacer un viaje a los Estados Unidos, donde estudió en el Seminario Teológico Unido de Nueva York. Las estadías fuera de Alemania resultaron de gran importancia para él, ya que le ayudaron a ampliar su horizonte. Esto, junto a su paulatino acercamiento al naciente movimiento ecuménico, le permitió ver las cosas con una óptica menos estrecha que la de muchos de sus colegas alemanes.

Desde su elección como uno de los tres secretarios juveniles para Europa en la reunión de la Alianza Mundial para la cooperación fraterna entre las iglesias, en Cambridge (septiembre de 1931), Bonhoeffer participó activamente con ponencias en encuentros ecuménicos internacionales. A partir de 1932/33 abogó en ese ámbito por una iniciativa ecuménica que asegurara la paz mundial amenazada por el fascismo europeo.

En el semestre de invierno de 1931/32 comenzó su actividad como docente honorario en la Facultad de Teología de la Universidad de Berlín. El 11 de noviembre de 1931 fue ordenado pastor y se le encomendó impartir cursos de confirmación a un grupo de jóvenes en el barrio obrero berlinés de Wedding. Bonhoeffer asumió esa tarea con la misma dedicación que sus cursos en la Facultad de Teología.

La Iglesia Confesante ante el Estado nazi

La toma del poder por Hitler y el Partido Nacionalsocialista en Alemania entre enero y marzo de 1933 planteó nuevos desafíos a Bonhoeffer y al círculo de profesionales amigos con los que se encontraba conectado en Berlín. Fue ante todo la legislación discriminatoria contra los judíos la que lo llevó a cuestionar a un Estado que se excedía en su función de preservar el orden y el derecho.

La política del Tercer Reich hacia las iglesias regionales evangélicas también generó conflictos. Hitler quería un iglesia evangélica imperial unificada, en lugar de una serie de iglesias territoriales con sus respectivos gobiernos eclesiales. Dentro de las iglesias evangélicas el entusiasmo populista germánico suscitado por los nacionalsocialistas tomó forma en un Movimiento de Fe Cristianos Alemanes [Glaubensbewegung Deutsche Christen]. Ante la aceptación del criterio de discriminación de pastores cristianos de origen judío [Arierparagraph] dentro de la Iglesia Evangélica Prusiana Bonhoeffer decidió no aceptar el cargo pastoral que ésta le ofrecía en Berlín.

En una carta a su abuela de agosto de 1933 escribe: «Cada vez me resulta más claro que vamos a recibir una gran iglesia nacional y étnica, algo que el cristianismo en su esencia no tolera [...]. La cuestión en realidad es Germanismo o Cristianismo y cuanto antes surja a la luz este conflicto, tanto mejor. El intento de disimularlo es lo más peligroso.»

Sin embargo, su lucha dentro de la iglesia por lograr que sectores opuestos a los Cristianos Alemanes formularan tajante y críticamente una base confesional diferente y se opusieran a la cooptación de la iglesia por el poder político nazi no tuvo mucho eco. Frustrado y aislado decidió aceptar el pastorado de la comunidad de residentes alemanes en Londres, hacia donde partió en octubre de 1933.

En una carta al teólogo suizo Karl Barth, a quien admiraba, describió esa experiencia: «Sentía, sin poder comprenderlo, que me encontraba en una radical oposición contra todos mis amigos; mis opiniones sobre la cuestión me llevaban más y más al aislamiento, a pesar de que en lo personal mantenía una estrecha relación con esas personas.»

La lucha dentro de la iglesia evangélica se radicalizó. En mayo de 1934 (sínodos confesantes de Berlín-DahIem y Barmen-Gemarke) se perfiló el surgimiento de un movimiento de Iglesia Confesante, que en las iglesias evangélicas regionales intervenidas por el poder central hizo surgir órganos de liderazgo paralelos.

Bonhoeffer la definía así: «La Iglesia Confesante no confiesa en abstracto, no confiesa contra los anglicanos o las iglesias libres, en este momento ni siquiera confiesa contra Roma, ni hablar que el luterano confiese contra los reformados, sino que confiesa de manera concretísima contra la iglesia teuto-cristiana y contra la nueva idolatría pagana a las creaturas; para la Iglesia Confesante el anticristo no está en Roma, o en Ginebra, sino en la Administración Eclesial Imperial en Berlín.» (2)

Así se formó la Liga de Emergencia de Pastores [Pfarrernotbund] y los Consejos Fraternos [Brüderräte]. Una de las tareas más importantes que debían enfrentar era la formación práctica para el pastorado de los jóvenes teólogos que habían terminado sus estudios en la facultad. Para ello tradicionalmente las iglesias evangélicas tenían Seminarios para Predicadores [Predigerseminare]. Como varios de ellos se habían plegado a la línea eclesial oficialista, los Consejos Fraternos decidieron crear nuevos seminarios para formar allí una resistencia de jóvenes pastores confesantes. Para dirigir uno de estos Seminarios de Predicadores se lo llamó a Bonhoeffer desde Londres a comienzos de 1935. Las tareas eran sostenidas con donaciones de congregaciones fieles al movimiento de la Iglesia Confesante.

El 26 de abril de 1935 Bonhoeffer inició el trabajo con la primera promoción en Zingst (Pomerania) y en junio de ese año se trasladaron a Finkenwalde (cerca de Stettin). En el marco de esos cursos, que buscaban preparar a los jóvenes teólogos para la práctica del ministerio pastoral, Bonhoeffer comenzó a ensayar un modelo de vida comunitaria inspirado en el orden que regula la vida monástica anglicana. La espiritualidad, la reflexión teológica, la interpretación de la Biblia a la luz de la realidad política, la convivencia fraterna, todo servía para consolidar nuevos grupos eclesiales de resistencia crítica ante el avasallamiento de la autonomía de la iglesia evangélica por parte del estado nacionalsocialista en complicidad con los grupos teuto-evangélicos.

En agosto de 1936 el Ministerio de Cultos le suspendió a Bonhoeffer el permiso para dictar cursos en la universidad, y en 1938 fue separado de su cargo docente. El Seminario de Predicadores en Finkenwalde, en el que se formaban diez cursos consecutivos, fue clausurado por la policía en octubre de 1937. A pesar del edicto de Himmler (septiembre de 1937) que prohibía a la Iglesia Confesante continuar con la formación de sus pastores, la tarea siguió entre 1938 y 1940 bajo la forma de Vicariatos Congregados [Sammelvikariate] en Pomerania Ulterior, en cercanías de Kóslin y Schlawe.

Bonhoeffer volcó esas experiencias de formación teológica y pastoral para una iglesia confesante y combativa en dos obras muy importantes: Seguimiento [Nachfolge, noviembre de 1937] y Vida en Comunidad [Gemeinsames Leben, septiembre 1938; publicado en 1939]. En el correr de 1940/41 su situación se complicó porque las autoridades le impusieron sucesivamente la prohibición de expresarse (septiembre 1940) y de imprimir o publicar (marzo 1941).

Hacerse astillas

A través de su cuñado, el abogado Hans von Dohnanyi —consejero en el Tribunal Supremo del Reich— ya en febrero de 1938 Bonhoeffer tomó conocimiento de planes para derribar a Hitier. Ante la posibilidad de ser incorporado al ejército —por la guerra en ciernes— trató de obtener de la dirigencia provisional de su iglesia encargos para tareas ecuménicas. En junio de 1939 pasó un mes en Nueva York, pero sin decidirse a aceptar un cargo docente que se le ofrecía allí. Regresó a Alemania y recibió de la Iglesia Confesante el encargo de realizar tareas de visitación a congregaciones en Prusia oriental.

Para ese entonces estaba involucrado con el grupo del general Hans Oster, Hans von Dohnanyi y Josef Müller, quienes planeaban un atentado contra Hitler para evitar una guerra en el frente occidental. En octubre de 1940 Bonhoeffer decidió entrar al servicio del Departamento de Contraespionaje Militar del ejército alemán, comandado por el almirante Wilheim Canaris. Desde esa oficina se gestaban planes de golpe contra Hitler y se buscaba establecer contactos con personalidades de las potencias aliadas. Para ello servían los contactos y viajes ecuménicos que Bonhoeffer podía realizar al exterior como agente del servicio de contrainteligencia del ejército. Pero después de los fallidos atentados contra Hitler durante su visita al frente Ruso —entre el 13 y 21 de marzo de 1943— el 5 de abril también fueron detenidos von Dohnanyi, Müller y Bonhoeffer, acusados de disgregación de las fuerzas armadas.

Desde ese momento hasta su ejecución, Bonhoeffer permaneció en prisión, tiempo que aprovechó creativamente para la I reflexión teológica, gran parte de la cual hizo llegar a su círculo de amigos en Cartas desde la Prisión. La situación carcelaria se volvió más dura después del fracasado atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944, llevado a cabo por el coronel Claus Schenk, conde von Stauffenberg. Las frenéticas investigaciones posteriores al atentado lograron dar con materiales incriminatorios que conectaban a Bonhoeffer, a su hermano Klaus y a otro de sus cuñados (Rüdiger Schleicher) con el grupo conspirador nucleado en torno a Canaris.

El 8 de octubre de ese mismo año fue trasladado a una cárcel de seguridad de la Gestapo y así terminó casi todo contacto con el mundo exterior. Después del fallo condenando a muerte a su hermano Klaus y su cuñado Schleicher, fue transferido al campo de exterminio Buchenwald (cerca de Weimar). A comienzos de abril de 1945 —ante el avance del frente aliado— fue trasladado al campo de exterminio de Flossenbürg. Allí tuvo lugar un brevísimo juicio sumario que condenó a muerte al almirante Wilhelm Canaris, al general Hans Oster, al juez militar Karl Sack, al abogado Theodor Strünck, al capitán Ludwig Gehre y al pastor Dietrich Bonhoeffer.

En la madrugada del 9 de abril de 1945 fue ejecutada la sentencia. Los condenados fueron ahorcados con finas cuerdas de piano, para hacer más lenta y dolorosa la asfixia. Casi al mismo tiempo era ejecutado en Berlín el cuñado Hans von Dohnanyi y pocos días más tarde, en el campo de exterminio Sachsenhausen, fueron asesinados Klaus Bonhoeffer y Rüdiger Schleicher.

Dos textos de Bonhoeffer quizás sirvan para iluminar los puntos de referencia que permiten entender la dramática opción que, como cristiano, realizó ante el terrorismo genocida del régimen nazi-fascista del Tercer Reich. En su ensayo de 1933, donde cuestiona la discriminación que las leyes del estado hitlerista ejercen contra la población judía, dice lo siguiente en cuanto a la opción más radical que el cristiano puede asumir ante un Estado que ejerce ilegal violencia sobre sus ciudadanos:

«La Iglesia tiene un compromiso ineludible para con las víctimas de cualquier orden social, incluso cuando no forman parte de la comunidad cristiana [...]. La tercer posibilidad [de enfrentar el accionar ilegal del Estado] consiste no sólo en brindarle asistencia a las víctimas que caen bajo la rueda, sino en atravesársele ella misma entre los rayos [dem Rad selbst in die Speichen fallen]» (3).

Esa opción, en el caso de Bonhoeffer, siempre estuvo contenida por una profunda confianza y fe en Dios. A fines de 1944, en un último poema que envía a su madre y a su novia María von Wedemayer, describe esa confianza con las palabras siguientes:

Rodeado, leal y serenamente, por poderes buenos,
maravillosamente consolado y protegido,
así quiero vivir estos días con ustedes
y acompañarlos caminando a un año nuevo.

[...]

Protegido maravillosamente por poderes buenos,
esperamos confiados lo que pueda ocurrir.
Dios está con nosotros al
atardecer y cuando amanece
y con toda seguridad en cada nuevo día.

NOTAS

(1) Eberhard Bethge (editor): Dietrich Bonhoeffer. Gesammelte Schriften. Tomo II, Munich 1959; pag. 441 (todas las traducciones son del autor).
(2)
“Die Bekennende Kirche und die Ökumene" (= La Iglesia Confesante y la ecumene), agosto 1935, en: Gesammelte Schriften, Tomo I, pág. 253 y siguientes.
(3) "Die Kirche vor der Judenfrage" (= La Iglesia ante la cuestión judia), abril
1933, en: Gesammelte Schriften, Tomo II, pág. 48.

publicado originalmente en:
Revista Parroquial (de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata) Año 100 / Número 10 (octubre 1995) 8-12

publicado también en la la revista:
Encuentro y Fe (del Centro Unido de Educación Cristiana/ Buenos Aires) octubre/noviembre 1995.