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20 may 2010

Catalina von Bora: La monja que se casó con Lutero


Catalina von Bora, de monja en un convento llegó a ser esposa del reformador Martín Lutero, madre de sus hijos y administradora de su hogar. La suya es un buen ejemplo de lo que podía ser la vida de una mujer en tiempos de la Reforma protestante.


El reformador Martín Lutero sello definitivamente su ruptura con el antiguo estilo de vida religiosa, monástica y célibe, cuando en junio de 1525, siendo ya un cuarentón, decidió casarse con Catalina von Bora, una joven de 26 años.

Como ya lo habían hecho antes otros protagonistas de la Reforma protestante, mediante el matrimonio manifestó de manera visible su convicción de que no se debía seguir sosteniendo la distinción entre personas religiosas y personas laicas.

Mediante el casamiento, los sacerdotes que adherían a la Reforma se convertían en laicos, y disolvían la separación tajante, característica de la sociedad medieval, entre un ámbito de vida "profano" y otro "sagrado". Terminaba así la distinción elitista entre una vida consagrada a Dios (supuestamente superior), y una vida común orientada hacia el mundo (de menor valor religioso).

Este era uno de los pilares de la mentalidad eclesiástica medieval, y su demolición tuvo una repercusión inmediata. Al casarse, los sacerdotes no sólo lograban el beneplácito y apoyo de amplios sectores de la población urbana: también ponían de manifiesto que la vida matrimonial era la única opción de vida valida, resaltándola como agradable a Dios en su triple dimensión de comunión erótica, ética y religiosa entre los cónyuges.

Adiós al convento

Esta profunda transformación tuvo, además, otra importante consecuencia: un gran numero de personas dedicadas a la vida monástica decidió abandonarla, fugándose de los conventos.

Entre quienes decidieron seguir este camino se contó un grupo de doce monjas cistercienses, que la noche de Pascua (del 5 al 6 de abril) de 1523 huyó del monasterio Marienthron (Trono de María), en Nimbschen, ayudadas por el adepto y amigo de Lutero Leonardo Koppe, un comerciante mayorista y concejal en Torgau, la capital política de Sajonia.

De las monjas, tres pudieron regresar con sus familias, pero las restantes nueve siguieron viaje a Wittenberg, donde arribaron el 9 de abril, confiadas en que quienes las habían inspirado para llevar a cabo semejante acción, también les brindarían apoyo y refugio.

La espectacular huida de las monjas causó gran revuelo y tuvo una amplísima difusión, ya que Lutero mismo asumió su defensa y justificación (el robo de monjas se castigaba con la pena capital).

En un panfleto, el reformador explicó porqué "las vírgenes pueden abandonar los conventos con la aprobación de Dios". Afirmando que "es imposible que el don de la continencia esté tan difundido como lo están los conventos", recomendó que la mujer, que "no fue creada para ser virgen, sino para concebir niños", siguiera siendo mujer "y no tratara de hacer las cosas mejor de lo que Dios las hizo".


Has recorrido un largo camino, muchacha


Así llegó a la vida de Lutero Catalina, quien había nacido 24 años antes (el 29 de enero de 1499) en el establecimiento rural de Lippendorf (al sur de Leipzig), un pequeño feudo cedido a su padre Hans von Bora, miembro de la baja nobleza rural sajona casado con Catalina von Haugwitz (o Haubitz).

Además de Catalina, el matrimonio tenía tres hijos varones y otra hija mujer. La madre debió de fallecer antes de 1505, ya que en ese año el padre volvió a contraer matrimonio. En ese momento la pequeña Catalina era pupila en el convento de monjas agustinas en Brehna.

En 1508/09 ingresó al convento de monjas cistercienses Marienthron, en Nimbschen, cerca de Grimma. Allí comenzó su noviciado en 1514, después de haber completado su educación básica (que también incluyó nociones de latín). Un año después fue consagrada monja e hizo votos de pobreza, obediencia y castidad.

Después de la fuga, Catalina no pudo regresar con su familia por encontrarse los dominios de ésta en el territorio del opositor duque Jorge de Sajorna, pero también porque la situación económica de los von Bora se bahía deteriorado mucho. Así, durante dos años vivió en la grán casa y taller de Bárbara y Lucas Cranach en Wittenberg, donde siguió completando sus habilidades de manejo y administración doméstica.

En 1524 Catalina rechazó la propuesta de Lutero de que se casara con el ya algo maduro pero bien situado Gaspar Glatz, ex rector de la facultad de teología y flamante párroco en Orlamünde (Turingia). No estaba dispuesta a casarse con Glatz, le dijo la ex monja a Nicolás von Amsdorf, colega y amigo de Lutero. Pero si él o Lutero la querían como esposa, agregó, ella no se iba a negar.

Lutero, que se hallaba en una situación difícil y veía peligrar el futuro de la Reforma bajo el fuego cruzado de las condenas papales y la amenaza de revueltas campesinas, decidió casarse, en parte para hacer rabiar un poco más a la Iglesia Romana, y en parte para reconciliarse con su padre, que nunca le había perdonado el hacerse monje. "No la amo ni ardo por ella, pero la aprecio", le escribió a un amigo.


Una mujer multifacética


Una vez casados, los esposos Lutero se establecieron en el monasterio de los agustinos en Wittenberg, que les fue cedido como vivienda por el príncipe elector Juan de Sajonia. Como regalo de bodas, el príncipe les obsequió 100 Gulden, y a partir de septiembre de 1525 Lutero comenzó a recibir como docente universitario un sueldo de 200 Gulden al año. Catalina se encargó de administrar ese dinero, al que se sumaban envíos de presas de caza y pescado de parte del príncipe elector, y a partir de 1527 remesas de trigo y ocasionalmente leña y sebo. Además reacondicionó el deteriorado huerto del monasterio (lo que insumió 400 Gulden), y allí cultivaba hortalizas y frutales. Y desde fines de los años '20 comenzó a tomar estudiantes de la universidad como pensionistas.

Si quedara alguna duda de que Catalina tenía un espíritu eminentemente pragmático, para despejarla basta conocer una curiosa propuesta que le hizo su esposo en 1535. Si con regularidad se dedicaba a leer toda la Biblia, él la recompensaría con 50 Gulden...

Los Lutero tuvieron seis hijos: Juan (junio de 1526), Elisabeth (diciembre de 1527), Magdalena (mayo de 1529), Martín (noviembre de 1531), Pablo (enero de 1533), y Margarita (diciembre de 1534). Elisabeth falleció antes de cumplir un año, y Magdalena murió en 1542, a los 13 años de edad, para inmenso dolor de sus padres.

A partir de 1530 se fueron sumando varios sobrinos y sobrinas de Lutero a la gran familia en el ex-monasterio. Esto llevó a Catalina a proponerle a su marido adquirir otro huerto mas. La extensión de huertos bajo su supervisión se amplió más adelante con la adquisición de un segundo y un tercer campo, que insumieron considerables montos de dinero.

A comienzos de 1540 un parto prematuro llevó a Catalina al borde de la muerte. Quedó tan debilitada que recién dos meses mas tarde estuvo en condiciones de levantarse del lecho de convaleciente. Sin embarco, ese mismo año logró adquirir la cesión del dominio feudal familiar que su hermano Hans von Bora no había podido retener, en Zulsdorf (distante dos días de viaje de Wittenherg).

Esta tenacidad por ir ampliando la base económica de la familia, haciéndola así más independiente de los precios del mercado de alimentos, revela una indudable capacidad de organización doméstica y administrativa. La misma queda reflejada también en los cariñosos y jocosos apelativos con los que Lutero encabeza algunas de las últimas cartas que le dirige.

Como éste, de 1545: "A mi afable y querida ama de casa Catalina I.utero von Bora: predicadora. cervecera, horticultora y todo lo demás que es capaz de hacer." O este otro, de 1546: "A mi de corazón querida Catrín Lutero: doctora, dueña de Zülsdorf, criadora de cerdos y todo lo demás que es capaz de hacer."


Luchadora hasta el final


Entre las pocas cartas de Catalina que se han conservado, la única que contiene un testimonio sobre ella misma y su situación como mujer en aquella difícil época, es la que le envió como repuesta a su cuñada Cristina von Bora (viuda de un hermano suyo). Redactada apenas seis semanas después de la muerte de Lutero, en su primera parte refleja el profundo dolor que la embarga:

"¡Afable y querida hermana! Nada me cuesta creer que usted sienta una misericorde compasión por mí y mis pobres niños. Pues ¿quién no habría de estar apesadumbrado y dolido por una hombre tan valioso, como lo fue mi querido señor? Que no sólo sirvió a una ciudad o a un único territorio, sino mucho a todo el mundo. Por lo que verdaderamente estoy tan atribulada, que no puedo expresar mi enorme dolor de corazón a persona ninguna. Y ni siquiera se cómo ando de ánimo o dónde está mi mente. No soy capaz ni de comer, ni beber, tampoco puedo dormir. Y si hubiera poseído un principado o un imperio, no me hubiera dolido tanto el haberlos perdido, como ahora que nuestro amado Dios y Señor nos ha quitado este querido y caro varón: no sólo a mí, sino a todo el mundo. Cuando me pongo a pensar, de pena y llanto (y Dios bien lo sabe) no soy capaz ni de hablar, ni de dictar siquiera."

La muerte en 1546 de su esposo, quien era su tutor de acuerdo a la legislación de la época, implicó un cambio profundo para Catalina. Como viuda de un docente universitario (cuyos ingresos provenían de mecenas), pasó a sentir la inseguridad económica y jurídica que implicaba el hecho de que ningún código civil de aquella época previera la legalidad de un matrimonio entre personas pertenecientes al ámbito clerical.

Jurídicamente, ella era la concubina de Lutero. El, consciente de este problema, ya en 1537 había redactado un testamento en el que la declaraba heredera de sus valores y bienes propios (aproximadamente ocho mil Gulden) y la nombraba tutora de sus hijos.

"Porque -escribió Lutero en el testamento- considero que la madre será e! mejor tutor para sus hijos, sin emplear los bienes muebles e inmuebles para desmedro o perjuicio, sino provecho y beneficio de ellos, que son carne y sangre suya, que ella cargó debajo de su corazón."

Sin embargo, la destrucción de sus propiedades durante la devastación ocasionada por la Guerra de Esmalcalda, hizo que los últimos años de Catalina estuvieran marcados por necesidad económica. En octubre de 1546 (ante el avance de las tropas imperiales) tuvo que huir con sus hijos a refugiarse en Magdeburgo y luego Braunschweig, pero contó con el apoyo de Felipe Melanchthon, quien con los suyos había seguido el mismo camino.

De regreso en Wittenberg intentó volver a consolidar su anterior base para sostener la pequeña economía basada en huertos y campos, combinados con el pensionado para estudiantes. Pero las secuelas de la devastación, algunos años de pésimas cosechas y litigios judiciales por la cesión del dominio en Zülsdorf, terminaron por endeudarla más y más.

Cuando la peste asoló Wittenberg una vez más, a comienzos del verano de 1552, y la universidad decidió trasladarse a Torgau, también Catalina fue para allá con sus dos hijos menores, en septiembre de aquel año.

En las cercanías de Torgau los caballos se desbocaron y ella, tratando de frenar el carro para evitar que se saliera del camino y se lastimaran sus hijos, saltó del mismo con tan mala suerte que cayó y rodó hasta quedar tendida dentro de un zanjón lleno de agua fría. Los golpes recibidos y el enfriamiento la dejaron postrada. Falleció tres meses más tarde, el 20 de diciembre de 1552.

El día siguiente, con la presencia de los estudiantes y colegas de su esposo, fue sepultada en la iglesia parroquial de Torgau, donde una lápida hermosamente tallada recuerda su figura de cuerpo entero.


Publicado en Revista Parroquial (IERP/Buenos Aires) año 104:11 (nov. 1999) 8-10

27 abr 2009

Tomás Muntzer

Ladrar contra los lobos rapaces


Sobre Tomás Müntzer y las (mal llamadas) Guerras Campesinas -porque guerra fue la represión con la que los príncipes sofocaron los levantamientos de los campesinos-, no hay mucha información en español. El aporte que sigue busca subsanar ese vacío con la brevedad que impone el formato del blog.


Müntzer era oriundo de Stolberg, una pequeña ciudad minera en la región alemana de las sierras del Harz.(1) Bien pudo haber nacido allí alrededor de 1490, pasando su infancia en la cercana ciudad de Quedlinburg. Inició su estudios universitarios en Leipzig (1506/07), siguiéndolos en Frankfurt sobre el río Oder en 1512/13. Su ordenación al sacerdocio (en la diócesis de Halberstadt) no debió haber sido mucho antes del 6 de mayo de 1514, pues en esa fecha figura como clérigo titular de una prebenda en la iglesia de San Miguel en la ciudad de Braunschweig. Durante el semestre de invierno de 1517/18 asistió a cursos en la facultad de teología en Wittenberg. Allí se plegó al círculo de seguidores de los docentes más destacados de teología: Martín Lutero (*1483) y Andrés Karlstadt (*1486).


"Luteranos" en conflicto


Durante 1519 Müntzer suplantó por algún tiempo a Francisco Günther -discípulo de Lutero, y amigo suyo- como párroco en la localidad de Jüterbog. Allí se trabó en dura polémica con los monjes franciscanos del lugar, quienes públicamente lo denunciaron como "luterano" (e.d. secuaz de Lutero). Entre mayo y setiembre de 1520, Müntzer -también por recomendación de Lutero- suplantó a Juan Wildenauer (oriundo de Eger) como predicador en la iglesia de Santa Maria en la ciudad de Zwickau. En octubre de ese año -luego de regresar Wildenauer- Müntzer fue nombrado predicador de la iglesia de Santa Catalina, ubicada en el barrio de los artesanos hilanderos y tejedores de Zwickau. Allí conoció a Nicolás Storch, un laico de personalidad carismática cuya religiosidad inspirada en visiones apocalípticas causó profunda impresión en él.

Desavenencias con su colega Wildenauer, que desembocaron en disturbios entre los partidarios de ambos predicadores, llevaron a que el consejo de Zwickau despidiera a Müntzer de su cargo a mediados de abril de 1521.

En el correr de ese año Müntzer viajó por Bohemia hasta Praga; allí trató de iniciar una reforma evangélica, pero sin obtener el apoyo esperado volvió a regresar a la región alemana de Turingia a comienzos de 1522.


Éxito en Allstedt


Luego de breves estadías en las ciudades de Nordhausen y Halle, en la pascua de 1523, Müntzer obtuvo un cargo como párroco de la iglesia San Juan en la pequeña ciudad agraria de Allstedt. Allí predicó con éxito y -antes que Lutero- comenzó a celebrar la misa completa en alemán, el idioma de la gente común, abandonando la liturgia en latín.

Las tensiones generadas con el entorno eclesial y político por los cambios que provocó este impulso de reforma evangélica en la pequeña ciudad y sus alrededores, hicieron que ya en el verano de 1523, unas 30 personas de Allstedt pactaran "...permanecer junto al evangelio; a no pagar más subsidios para monjes y monjas, sino a contribuir para erradicarlos y desplazarlas." La actividad de Müntzer generó cada vez más afluencia de gente a los cultos en Allstedt proveniente desde los territorios pro-católicos aledaños. A su vez las autoridades de los mismos trataban de impedir la asistencia de sus súbditos hasta allí. El afán de erradicar la idolatría, llevó a que algunos seguidores de Müntzer incendiaran una pequeña capilla de peregrinación a la virgen en el cercano Mallerbach (el jueves santo de 1524). La capilla pertenecía al convento de monjas en Naundorf. Las tensiones que provocó esta acción iconoclasta complicaron aún más la posición de la pequeña ciudad de Allstedt (jurisdicción del príncipe elector Federico de Sajonia y de su hermano, el duque Juan de Turingia). En mayo de 1524 las autoridades de los feudos circundantes empezaron a castigar y a encarcelar a quienes seguían desobedeciendo la prohibición de asistir a los servicios religiosos celebrados por Müntzer. En el verano de 1524, luego de un sermón de Müntzer sobre la renovación que el rey de Judá, Josías, había hecho del Pacto entre Dios y el pueblo de Israel(2 Reyes 22s.), también en Allstedt se consolidó el Pacto con Dios. Al culto habían asistido unas 300 personas de las inmediaciones, entre ellas muchos mineros del vecino ducado de Mansfeld; también ellos se sumaron al Pacto-Alianza en defensa de su fe renovada [ver 2 Re 23:1-3]. En el sótano del edificio municipal de la pequeña ciudad los nombres de quienes se comprometían a sostener y ampliar esa alianza de cristianos auténticos frente a las presiones de los enemigos fueron solemnemente anotados en un "libro del Pacto".


Convencer a los príncipes


El 13 de julio de 1524 Müntzer aprovechó una breve estadía del duque Juan con su hijo (el príncipe heredero Juan Federico de Sajonia) en el castillo de Allstedt, para revelarles su perspectiva de renovación evangélica y el rol que a ellos les cabía como líderes de la misma. Poco después Müntzer difundió su propuesta en forma de panfleto impreso, con el título >Explicación del segundo capítulo del profeta Daniel, predicada en el castillo de Allstedt ante los dilectos y amados duques y magistrados de Sajonia<.(2) Con este "Sermón ante los príncipes" Müntzer intentó ganarse el apoyo de las máximas autoridades políticas de Sajonia. En su planteo, a ellos les correspondía actuar como legítimos protectores de >su< "reforma invencible".


Wittenberg toma cartas en el asunto


Lutero -que venía siguiendo la actividad de Tomás Müntzer y su cofrade Simón Haferitz (predicador en la otra iglesia de Allstedt)- decidió intervenir en esa puja por el favor de los príncipes. A fines de julio de 1524 editó un panfleto impreso, que tituló >Una misiva a los príncipes de Sajonia sobre el espíritu sedicioso.<(3) En esta "carta abierta" sus críticas se concentran en la figura y el supuesto accionar violento de Müntzer y sus secuaces. El alegato incriminatorio de Lutero forma parte de una estrategia depuradora al interior del movimiento de reforma evangélico, con la que él y el grupo de teólogos en Wittenberg trataron de definir a su favor el liderazgo del movimiento en toda la región; en especial buscando asegurarse el apoyo del joven príncipe heredero Juan Federico.


La situación se complica


El primero de agosto de 1524 Müntzer y algunos ciudadanos de Allstedt fueron interrogados por magistrados de la corte en Weimar, en la causa aún pendiente por el incendio de la capilla en Mallerbach. Ante la presión de las autoridades, los implicados de Allstedt tomaron distancia de Müntzer. Él lo interpretó como traición a su persona y decidió abandonar Allstedt (lo que hizo en la noche del 7 al 8 de agosto de 1524). El 15 de agosto les escribió una larga carta a sus ex parroquianos en Allstedt; allí les explica que al ver cuánto temor generó en ellos el recordatorio que las autoridades en Weimar les hicieran de sus juramentos (de fidelidad) y compromisos (de obediencia) feudales, él no pudo seguir junto con ellos. Porque él, cada vez que de la justicia de Dios se trate, no hará callar sus labios. "En verdad -les escribe Müntzer-, yo no hice otra cosa que ladrar contra los lobos rapaces, como corresponde a un auténtico siervo de Dios (Juan 10, Isaías 56 [V.10], Salmo 78 [V.9ss.])."


Viaje al sur


Luego de una primera y breve estadía en la ciudad imperial libre de Mühlhausen (Turingia), Müntzer se dirige hacia el sur, a la ciudad imperial libre de Nuremberg. Allí busca una imprenta dispuesta a publicar su respuesta a las incriminaciones de Lutero. Luego sigue viaje al sur-oeste del territorio alemán, hasta Basilea y alrededores. Durante enero de 1525 Müntzer estuvo en contacto allí con grupos de campesinos sublevados en contra de las autoridades feudales.


De vuelta en Turingia


Desde Grießen, en los confines de la Selva Negra, volvió a regresar al noreste, hasta Mühlhausen. En el correr de abril de 1525 se pliega a los grupos de campesinos que también en Turingia se han comenzardo a sublevar contra el orden feudal. El 15 de mayo un gran contingente de campesinos -al que Müntzer se había incorporado con un grupo de 300 "escogidos de Dios"- fue vencido y diezmado por la fuerza militar merecenaria de una coalición de príncipes, en las cercanías de la pequeña ciudad de Frankenhausen. Müntzer -que sobrevivió a la masacre- fue tomado prisionero, interrogado bajo tortura en la fortificación Heldrungen (de los duques de Mansfeld) y finalmente decapitado el 27 de mayo de 1525 junto con Enrique Pfeiffer, su colega pastor y aliado en Mühlhausen. Las cabezas de ambos, clavadas sobre largos palos ante las murallas de aquella ciudad, sirvieron como ejemplo aleccionador, de qué les cabe esperar a quienes se sublevan contra el poder de sus amos y señores.


La propuesta de Müntzer


La reseña biográfica deja abierta la pregunta sobre, ¿qué fue lo que hizo tan radicalmente diferente la postura teológica de Müntzer a la de sus maestros y colegas en Wittenberg?

En otoño de 1521 Tomás Müntzer difundió en Praga una breve y encendida apelación a los habitantes de Bohemia, para que -bajo su conducción- iniciaran una renovación de la iglesia y así ella recobrara la pureza de sus inicios apostólicos. En el texto -del que sólo se conocen copias manuscritas- se percibe muy bien de qué manera Müntzer capta su propio presente como el instante propicio para iniciar una gran acción final y transfiguradora del mundo. En el último párrafo del >Manifiesto de Praga< -lleno de entusiasmo y conciencia profética- proclama: "No requiero de ustedes otra cosa, a que con esmero aprendan la viva palabra de Dios de la boca misma de Dios. A través de ella ustedes mismos verán, escucharán y palparán, de qué manera el mundo entero ha sido engañado por los curas sordos. ¡Por amor a la sangre de Cristo, ayúdenme a luchar contra semejantes enemigos de la fe! Ante vuestros ojos yo los habré de vencer en el espíritu de Elías. Porque en vuestro país dará comienzo la nueva iglesia apostólica, que luego se extenderá hacia todas partes. [...]." En otra versión manuscrita (más breve) del Manifiesto, dice: "... para poder señalarte visiblemente [Bohemia] mediante el espíritu de Elías, a aquellos que te enseñaron a ofrecer sacrificios al ídolo Baal." La referencia a un accionar en el espíritu del profeta Elías con relación a los sacerdotes de Baal, no deja de ser significativa. Remite a una purificación de la iglesia incluso mediante el recurso a la violencia [ver 1 Reyes 18]. En ese último párrafo del Manifiesto dirigido a los habitantes de Bohemia (en la versión más extensa) Müntzer además les advierte lo siguiente: "Quien vaya a despreciar admonición semejante, ya mismo queda a merced de las manos del turco. Después de cuyo violento accionar habrá de regir el anticristo en persona - el opuesto de Cristo, quien a la brevedad entregará el reino de este mundo a sus elegidos, por los siglos de los siglos."

El clima de urgencia apocalíptica que respira todo el Manifiesto queda reforzado por el rol que Müntzer le adjudica al avance turco como instrumento divino para castigar a quienes ignoren su llamado profético a la acción renovadora de la cristiandad.(4) Después de la violencia ejercida por los turcos, daría comienzo el reinando del anticristo [ver Daniel 7:24s.] hasta cumplir Cristo la promesa de Daniel 7 [V.26s.]. A partir de ese momento el régimen (= gobierno) le será transferido definitivamente al pueblo de los Santos del Altísimo. Poco antes de este párrafo Müntzer ya había aclarado a su auditorio en Praga, que "... es en nuestro tiempo, que Dios quiere separar el trigo de la cizaña" [ver Mateo 13:24-30 y 36-43]. Con su expresivo lenguaje Müntzer ilustraba esa intuición diciendo:

"¡Uy, uy, cuán maduras están las manzanas podridas! ¡Uy, uy, cuán quebrantados (5) están los elegidos! ¡Llegó el tiempo de la cosecha! Por eso Dios mismo me contrató para su cosecha. He afilado mi hoz, pues con vehemencia mis pensamientos apuntan a la verdad y mis labios, piel, manos, cabello, alma, cuerpo y vida maldicen a los impíos."

En el discurso de Müntzer la metáfora de la hoz afilada va ligada a una amplia gama de imágenes bíblicas referidas al tiempo de la cosecha. De todos esos pasajes quizá el más significativo para Müntzer haya sido Apocalipsis 14 [V.14-20]. En la versión (manuscrita) latina del Manifiesto de Praga, Müntzer proclama: "...contratado por el cielo a cambio de un denario diario [Mateo 20:2] afilo la hoz para recoger la cosecha." La imagen de la hoz afilada la emplea en varios de sus escritos posteriores; allí también en combinación con otros instrumentos (bíblicos) de roturación de la tierra y de cosecha: la reja del arado, la guadaña y el bieldo.


Malezas en el corazón


En su >Protesta o propuesta< (publicada en las primeras semanas de 1524) Müntzer da una interpretación compacta de la simbología bíblica de purificación.

En su pensamiento teológico el proceso externo de purificación de la iglesia queda íntimamente ligado a la purificación interior de cada creyente: "... mucha gente no reconoce la obra de Dios y piensa que se puede llegar a la fe cristiana fácilmente, meditando apenas lo que Cristo dijo. No, querido ser humano, tú debes soportar y reconocer cómo Dios mismo arranca tu maleza, los cardos y los espinos de tu campo fértil, esto es: de tu corazón. De otra manera nada bueno crecerá allí, salvo el diablo furibundo transfigurado en luz y hermosas florecillas de trigal, etc. Por más que hayas devorado la Biblia, de nada te sirve; debes sufrir la afilada reja del arado [cf. Salmo 129,3]." Un proceso clave con el que Müntzer ya se identificaba al menos desde zu estadía en Zwickau (1520-1521) como lo revela su sello personal: una reja de arado roturando al corazón, debajo de sus inciales TM.

En ese proceso de acrisolamiento interior -según Müntzer- el cristiano auténtico debe permitir que su corazón sea limpiado de la maleza formada por sus deseos mundanos, su apego a lo creatural y material, a todo aquello que lo distrae y aparta de lo esencial al momento de enfocar su fe sólo en Cristo. Mediante un tal proceso de quebrantamiento y templanza bajo la cruz -según Müntzer-, Dios va maleando y afilando a sus elegidos, así como un campesino lo va haciendo con la hoja de su guadaña o de su podadera para la viña (en forma de hoz pequeña).

Sobre este trasfondo se capta el significado de una afirmación como la que Müntzer hace en otro de sus escritos, la >Explícita puesta al desnudo de la falsa fe< (impreso en Nuremberg, a fines de 1524). Allí en dura crítica al clero, que acusa de buscar sólo réditos económicos, Müntzer alude primero a Juan el Bautista como modelo de predicador austero, desapegado de las pasiones carnales, y luego sigue diciendo: "Es sobre todo partiendo de ese fundamento, que los predicadores han de saber quién los envía a la cosecha (Mateo 9, Juan 4), cosecha para la que Dios desde el comienzo de sus vidas los ha ido afilando como una guadaña firme o una hoz." Unos párrafos más adelante retoma la imagen de la cosecha final, en un pasaje que guarda similitud con el >Manifiesto de Praga< (1521): "La iglesia actual, de hecho, es una vieja ramera si se la compara con la iglesia que todavía ha de edificarse, ahora, que la cizaña debe sufrir el bieldo. Pues en todo momento es tiempo de cosecha, Mateo 9 [V. 37s.]. Queridos hermanos, por todas partes esa cizaña grita y afirma que todavía no es momento de cosecha. ¡Ay, del traidor que se traiciona a si mismo!"

Müntzer sabe que los réprobos, los impíos -los siervos de la gran ramera Babilonia- se niegan a aceptar que sea tiempo de purificación, momento de cosecha final [Apocalipsis 14]. Pero justamente con esa negativa -mediante la que defienden sus privilegios clericales- se engañan ellos mismos. Poniendo en evidencia además que no están preparados para que los ángeles del Señor con sus bieldos los venteen en la trilla final, donde como paja quedarían separados del trigo y serían quemados.

La clave apocalíptica con la que Müntzer interpreta su realidad presente pone en evidencia el conflicto entre un sector del clero (cómplice del poder y beneficiario de privilegios) y otro que -como Müntzer- optó por prescindir de ello, viviendo una experiencia de cruz. Este nuevo tipo de predicador, con el que él se identifica, justamente al ser cuestionado y perseguido vive ese proceso de purificación mediante el que Dios va afilando su personalidad, templándola en la fe auténtica y dejándolo listo así para participar en la erradicación final de la cizaña de impíos que ha invadido el mundo. Convertidos en ángeles del Señor, estos elegidos quedan preparados así para blandir sus espadas en la purificación final del mundo.


Sermoneando príncipes


En su "Sermón ante los príncipes" (julio de 1524) Müntzer los trata de convencer, que ellos -a quienes Dios ha otorgado el poder de la espada, según Romanos 13- son los ángeles elegidos por Dios para la siega de toda esa cizaña de réprobos que ha invadido el campo del Señor [ver Yoder/TERR., p. 113 - 115]. Sin vueltas les dice: "... si se deciden a hacer lo correcto (2 Pedro 1[V. 8]) ustedes son los ángeles." A continuación les aclara qué tipo de acción espera de ellos: "...si queréis ser buenos gobernantes, debéis iniciar el gobierno desde las raíces, tal como lo ha encomendado Cristo. ¡Ahuyentad a los enemigos de los elegidos! Porque vosotros sois el medio para ese fin. Amados, no nos deis excusas huecas: >Que debe hacerlo el poder de Dios, sin intervención de vuestra espada<; ¡porque se os podría oxidar en la vaina!"

Para Müntzer la espada (el instrumento de coerción secular) es imprescindible, ya que a los piadosos (los campesinos que de todas partes acuden a sus cultos en Allstedt) sólo se los puede defender poniéndole freno al accionar violento de los impíos (los secuaces de los señores feudales, que les impiden llegar hasta allí). De acuerdo a Romanos 13 (V. 3s.) Dios les ha otorgado a los regentes sajones Dios el poder secular de la espada para que protegan a quienes hacen bien (los campesinos y los mineros) y castiguen a los los esbirros de los amos feudales que oponiéndose al movimiento de reforma impiden a la gente común acudir a los cultos en Allstedt; "... para que eso [= la protección de los campesinos piadosos] ocurra de una manera correcta y ordenada, lo deben hacer nuestros estimados padres, los príncipes, que confiesan a Cristo junto con nosotros. Mas si no lo hacen, entonces la espada les será quitada -Daniel, capítulo 7 [V. 27]." Müntzer advierte a los príncipes que si no asumen la función coercitiva que les encomeinda Dios, éste se la traspasará a otra gente.

Ya mucho antes, en una carta personal al príncipe elector Federico de Sajonia, (escrita el 4 de octubre de 1523 [ver Yoder/TERR, p. 122-124]), Müntzer le había planteado que la protección, espada mediante, era su deber insoslayable de acuerdo a Romanos 13. En la misma también le advertía sobre el riesgo que corría de no asumir esa responsabilidad: "Los príncipes no deben atemorizar a los piadosos. Pero si esto va a cambiar, entonces la espada les será quitada y le será entregada al pueblo ferviente, para perdición de los impíos, Daniel 7 [V. 27]. Entonces, ese noble ornato -la paz- será quitado de la tierra - Apocalipsis 6 [V. 12 - 17]". En la interpretación de Müntzer, cuando los responsables de ejercer (legítima) coerción contra quienes tiranizan a gente recta y piadosa no asumen ese rol, es el pueblo común quien queda autorizado a ejercerla en(legítima) defensa propia. Este planteo marca una de sus grandes diferencias con Lutero.

También en ese Sermón, dirigido a los príncipes sajones, Müntzer vuelve a desplegar la imagen de la cosecha apocalíptica tal como él la intuía. Si los malvados, los que tiranizan al pueblo de Dios, no aceptan entrar en razones:"No queda otro modo de lograr que la iglesia cristiana vuelva a sus orígenes: hay que arrancar la cizaña de la viña (6) de Dios en el tiempo de cosecha. Así, el hermoso trigo colorado podrá echar raíces firmes y crecer como debe -Mateo 13 [V. 24-30]. Y los ángeles que para ello afilan su hoces, son los siervos rigurosos de Dios, ejecutores del celo de la sabiduría divina, Malaquías 3 [V. 1-5]."

En una sociedad predominantemente agrícola, la hoz y la guadaña eran por excelencia las herramientas de los campesinos. Cuando éstos -inspirados por el mensaje liberador del Evangelio que difunde el movimiento de reforma- comienzan a reclamar de sus señores feudales un trato más justo, formulando sus exigencias con listados de artículos sobre aspectos bien concretos [ver p.ej. los >Doce artículos del campesinado de Suabia<] y se agrupan para dar fuerza a la urgencia de sus planteos, Müntzer congenialmente los identifica con aquellos "rigurosos siervos de Dios" que de acuerdo a las profecías bíblicas llevarían a cabo la "cosecha final".


Teólogos cómodos...


Müntzer titula su última publicación >Muy urgida defensa y respuesta contra la carne sin espíritu, que vive cómodamente en Wittenberg< (impresa en Nuremberg, a fines de 1524). En le subtítulo dice estar escribiendo: "Desde la cueva de Elías, cuyo rigor de nadie se apiada, 1 Reyes 18, Mateo 17, Lucas 1 y Apocalipsis 11". En el antiguo Testamento Elías dialoga con Dios desde un refugio en la montaña Horeb [ver 1 Reyes 19:9-18]; allí recibe instrucción divina sobre qué hacer en el futuro y la promesa final de Dios: "Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron" (V. 18). Para Tomás Müntzer -a esa altura de los acontecimientos- los profesores de teología en Wittenberg (Lutero, Melanchthon, Justo Jonas y Juan Bugenhagen) no actuaban impelidos por el espíritu divino. Al negar revelaciones directas, no hablaban con Dios y por ende ignoraban qué acontecería y cómo habían de actuar. Ellos -meros escribas de la letra muerta- tampoco sentían vergüenza de vivir en el disfrute de las comodidades que les brindaba su cercanía con el poder. Müntzer en cambio -identificado plenamente con Elías- estaba obligado a peregrinar de un lugar a otro, perseguido por nuevos tiranos, nuevos Acab y Jezabel. Ya en su >Protesta y propuesta<>Muy urgida defensa<, la acción del profeta Elías en el monte Carmelo (1 Reyes 18), es ampliada con referencias al Elías venidero. En Mateo 17,11 se menciona que Elías viene primero a restaurar todas las cosas, y en Lucas 1,17 un ángel anuncia a Zacarías que su hijo irá delante del Mesías con el espíritu y el poder de Elías. Esto sugiere que Müntzer tenía la convicción de haber sido convocado -y ser- uno de los dos testigos que el Apocalipsis (11,1-14) anuncia para el tiempo previo al fin. En la tradición cristiana medieval los dos testigos eran identificados con Elías y con Enoc. Hacia fines de 1524 Müntzer se había identificado plenamente con el imaginario bíblico; más aún, transpone ese imaginario a la realidad histórica que vive como clave interpretativa. La Biblia es su libro der ruta y ello pone en evidencia su inmersión plena en la mentalidad medieval.


...de lengua finita


No obstante, hay un aspecto ("moderno") que hace llamativamente virulenta la variante apocalíptica medieval en Müntzer. Es su percepción de la explotación económica como factor que frustra toda posibilidad real de renovación religiosa en los sectores subalternos de esa sociedad feudal en crisis. En su obra >Explícita puesta al desnudo de la falsa fe< (Nuremberg, noviembre de 1524) Müntzer denuncia la complicidad de Lutero y sus colegas con el orden feudal imperante; son los que insisten con una teología basada solamente en la sagrada Escritura y en la sumisión obediente a las autoridades. A la manera de los escribas (en tiempos de Jesús): "Asoman su fina lengüita y con ternura dicen: >Escudriñad las Escrituras pensando encontrar en ellas salvación [= Jn 5:39]<. Con eso a la pobre gente indigente se la engaña de tal manera, que no hay boca capaz de pronunciarlo. Ellos [= los escribas] con todo su palabrerío y acciones son los que hacen que la gente pobre no aprenda siquiera a leer, ocupada como está en obtener comida; ellos [los escribas] desvergonzadamente predican, que la gente pobre debe permitir que la deshollen y despellejen los tiranos. ¿Cuándo, entonces, va a aprender a leer las Escrituras?" En un pasaje clave de su >Muy urgida defensa<>¡Dios ha ordenado: No robarás!<>¡Qué se lo cuelgue!<. Y el doctor Lutrucos [= Lutero] les da su Amén. Son los señores mismos que hacen que la gente pobre se les vuelva enemiga. Si se niegan a erradicar la causa de la sublevación, ¿cómo será posible que a la larga se llegue a buen fin? Pero si lo digo yo, se me tiene por subversivo; que así sea, pues."

Müntzer alude abiertamente a una situación que no sólo afecta a una gran mayoría de campesinos en las áreas rurales, sino también a un importante sector de los artesanos radicados en las urbes. En una carta que Müntzer escribe desde Nuremberg (a fines de noviembre de 1524), dice: "Mucha gente del pueblo en N[uremberg] me aconsejó que predicara, y yo les dije que no era para eso que había venido, sino para defenderme a través de la palabra impresa. Cuando los señores se enteraron de esto, les retumbaron los oídos, porque a ellos les gustan los días fáciles. Para ellos el sudor de los artesanos tiene un gusto dulce, dulce; pero se irá transformando en hiel amarga. No les servirá objeción ni dilación alguna; la verdad habrá de prorrumpir. De nada les sirve fingir que aceptan el Evangelio. La gente está con hambre, necesita y va a comer -como dice Amós y Mateo 5."


Fondos para la acción


Por eso, cuando Müntzer ve que la sublevación de la gente común comienza a cobrar fuerza, afectando bienes y propiedades de los poderosos, lo interpreta como paso necesario en el camino de toda esa pobre gente hacia una vivencia de fe auténtica y liberación. En una de sus cartas, escritas en medio de la sublevación campesina en Turingia a los ciudadanos de la ciudad de Eisenach (el 9 de mayo de 1525) Müntzer condensa esta convicción. Las autoridades de Eisenach no sólo habían apresado a Juan Sippel, líder de la mesnada de campesinos reclutada en la región del rio Werra (en Turingia), sino que también habían incautado la caja con el dinero del grupo. Furioso por la complicidad de los pobladores de Eisenach con la política represiva de los señores feudales, Müntzer -que firma esa carta como: >Tomás Müntzer, con la espada de Gedeon< [ver Jueces 6 a 8]- les hace saber que: "Está a la luz del día, cuán amigablemente Dios permite a los suyos castigar a los enemigos, afectando únicamente sus bienes (materiales), con los que desde un comienzo aquellos obstruyeron el reino y la justicia de Dios -como lo comprueba Cristo mismo en Mateo 6, con sólidas razones. ¿Acaso iba a ser posible que con esa preocupación por los bienes materiales, la gente común alguna vez pudiera llegar a estar en condiciones de recibir la palabra de Dios pura, con un corazón libre de preocupaciones?" El dinero que los campesinos incautaron para financiar la sublevación, y que le han vuelto a requisar las autoridades de Eisenach, no debe considerarse robado. Dios permite que esos mismos bienes materiales, que antes causaban pobreza e imposibilitaban a la gente común recibir la palabra de Dios con el corazón libre de preocupaciones, ahora lo posibiliten (al cambiar de dueño). Por eso Müntzer exige inmediata restitución del dinero y con la perspectiva bíblico-apocalíptica que marca su pensamiento advierte: "Les aconsejamos: no desprecien a los pequeños -como suelen a hacer-, porque el Señor acoje a los débiles para derribar de sus sedes a los poderosos [ver Lucas 1:52], y elige a gente insensata para confundir a escribas desleales y traicioneros [ver 1 Corintios 1:25.]. Si nos vieramos obligados a rescatar a nuestro hermano, el comandante [Sippel] y los fondos [del grupo] por la fuerza, ya se darán cuenta que [Dios] el Señor vive todavía; quiera Él moverlos e iluminarlos para que puedan reconocer la falsa luz [en la que están inmersos], Mateo 6(V.23)..."

En especial estos últimos textos muestran que la crítica profético-apocalíptica de Tomás Müntzer al orden imperante, no sólo se dirigió contra la impiedad religiosa de los poderosos, sino también contra la rapacidad económica del sistema que encarnan. Con ella obstaculizan el acceso de los indigentes a la fe auténtica. La preocupación cotidiana que los poderosos imponen a los débiles mediante trabajo excesivo, no les deja espacio para renovar su fe. Es en este punto donde en la teología de Müntzer se entrelazan la crítica a la falsa piedad con la denuncia de la opresión económica. En esta lucidez carismática cobra virulencia histórica su clave apocalíptica cristiana, porque desestabiliza al orden imperante. Müntzer no sólo percibió la desigualdad entre los ricos-poderosos y los pobres-impotentes, sino que en el marco de su horizonte de comprensión fue identificando a cada uno de esos grupos sociales con las categorías que le ofrecía el texto bíblico: tiranos-réprobos y elegidos-fieles.

Para Müntzer los levantamientos campesinos en las diferentes regiones alemanas -a fines de 1524 y comienzos de 1525- formaban parte de un gran "bibliodrama", donde él mismo no dudó en involucrarse plenamente, con el rol de nuevo Gedeón y nuevo Elías.


Notas


(1) La mejor biografía en alemán sigue siendo la de Günter Vogler (Thomas Müntzer, Berlin 1989; 325 págs.); tb. es valiosa la obra en italiano de Emidio Campi, con traducciones de los textos más importantes (Thomas Müntzer. Scritti politici, Torino 1972; 230 págs.). Los escritos de Müntzer, en edición crítica alemana, fueron publicadas por Günther Franz (Thomas Müntzer. Schriften und Briefe, Gütersloh 1968; la traducción al ingles a cargo de Peter Matheson (The collected works of Thomas Müntzer, Edinburgo 1988, reed. 1994) presenta una serie de aportes nuevos y correcciones -en especial a la correspondencia de Tomás Müntzer.


(2) Traducido en John H. Yoder, Textos escogidos de la Reforma Radical, Buenos Aires 1976 (reed.: 2007), págs. 99-120. (en adelante: Yoder/TERR)


(3) Traducido al español en: Alejandro Zorzin / Curso de Reforma Radical - ISEDET (Buenos Aires) 2000, "Ruptura entre Lutero y Müntzer" (apunte mecanografiado de la cátedra/ 5, págs. 1-9).


(4) En 1521 los turcos habían conquistado Belgrado y Müntzer calculaba que en su avance podrían estar alcanzando Bohemia en 1522; en una carta de Müntzer a Melanchthon (a fines de marzo de 1522) afirma: "La copa del tercer ángel [cf. Apoc 16:4-7] -lo temo y lo sé- ya ha sido derramada sobre las fuentes de las aguas..." En la lectura de la realidad a manera de bibliodrama característica de Müntzer, la tercera de las siete plagas finales ya había ocurrido y es muy probable que él identificara a los turcos con "los reyes del oriente" [cf. Apoc 16:12ss.] a los que el Apocalipsis hace referencia en la sexta plaga.


(5) El término alemán original: mürbe , literalmente significa: ablandado, abatanado, desmenuzado; el adjetivo que Müntzer emplea aquí hace referencia al proceso de abnegación y quebrantamiento interno que deben experimentar los cristianos auténticos para alcanzar una fe probada y verdadera. Mientras el proceso de >maduración<>abismo de su corazón<. Esta dimensión clave en la teología de Müntzer proviene de la corriente mística (alemana), p.ej. de su lectura de los >Sermones<>Teología Alemana< (editada por Martín Lutero en 1516 y nuevamente en 1518).


(6) En la traducción de TERR el original alemán: Weingarten (= viñedo) diluye de un modo indefinido como: huerto.

8 sept 2008

Catalina Zell (de Schütz): Una vocera laica de la Reforma del siglo XVI

Martín Lutero, Ulrico Zwinglio, Felipe Melanchthon... los grandes reformadores fueron sin duda valientes varones que supieron jugarse por las convicciones de su fe. Pero, ¿la Reforma fue un asunto exclusivamente de varones? Es fácil imaginar que también las mujeres cumplieron un importante papel, pero no se suele hablar de ellas.

A la edad de sesenta años Catalina Schütz escribió de sí misma: "Desde los diez años fui una madre de iglesia, un ornato del púlpito y la escuela; estimaba a todas las personas con formación teológica, visitándolas mucho y sosteniendo con ellas mi conversación, no sobre el baile, las alegrías mundanas, las riquezas o el carnaval, sino sobre el Reino de Dios. Por eso tanto mi padre, madre, amigos y ciudadanos, como incluso varias personas eruditas con las que conversé mucho, me tomaron cariño, con alta estima y respeto."
¿Quién era esa mujer, que así describía su piadosa juventud? Catalina Schütz nació en la segunda mitad del año 1497 o en la primera de 1498, en la ciudad imperial libre de Estrasburgo, como hija de un acomodado artesano, quizás un maestro carpintero o zapatero, integrante del consejo de la ciudad.
La intensidad con la que ya desde joven trató de vivir su fe cristiana, la llevó -como ella misma afirma- a "grandes tribulaciones por causa del Reino de los cielos". Sin embargo, las "pesadas obras, el culto a Dios y el intenso padecimiento del cuerpo" no le ayudaron a encontrar "el consuelo y la certeza del amor y gracia de Dios". Esa incertidumbre en cuanto a su propia salvación, y el empeño con que buscaba lograrla, hicieron que la muchacha se "debilitara hasta encontrarse casi mortalmente enferma en alma y cuerpo".
La mayor parte de esa actividad religiosa la joven Catalina la desarrollaba en el ámbito que para ello brindaban los círculos de damas piadosas, vinculados a las diferentes iglesias en las ciudades medievales. En esos círculos de mujeres, además de realizar obras de caridad, también se leían textos de edificación y consolación cristiana. Posiblemente fue allí donde, entre 1518 y 1521, Catalina Schütz tomó contacto con las obras escritas y difundidas desde la lejana Wittenberg por el monje agustino Martín Lutero.
Ella misma relata cómo fue su encuentro con las enseñanzas del gran reformador: "Y mientras nos encontrábamos así, en medio de ese temor y preocupación en cuanto a la gracia de Dios, sin nunca poder hallar sosiego en la concreción de tantas obras, ni en los sacramentos de la iglesia, Dios tuvo misericordia de nosotras y de mucha gente más, suscitando y enviando con su boca y sus escritos al querido [...] doctor Martín Lutero; quien, tanto a mí como a otras, nos mostraba tan queriblemente al Señor Jesucriscristo, que sentí como si, enterrada muy profundo debajo de la tierra, se me estuviera tirando hacia arriba; sí, desde un infierno feroz y amargo, hacia un apacible y dulce reino celestial..."

Matrimonio y algo más

Desde el año 1518 era predicador en la catedral de Estrasburgo el sacerdote Mateo Zell. Él fue uno de los primeros en predicar allí el mensaje evangélico tal como lo había redescubierto Lutero. Entre las más de mil personas que se solían congregar para escuchar sus sermones, también estaba la joven Catalina.
Mucho después ella relatará que ya en el año 1521, Zell le había sugerido contraer matrimonio con él. Sin embargo, recién dos años más tarde ella se animó a dar semejante paso, que no dejaba de entrañar riesgos para su vida y su reputación como ciudadana honorable. Después de haberse comprometido en secreto en el mes de mayo de 1523, contrajeron matrimonio el 3 de diciembre del mismo año.
En la ciudad el rechazo a su decisión no se hizo esperar. Una serie de versiones difamantes e hirientes para la pareja, puestas en circulación -entre otros- por clérigos y teólogos opuestos a la reforma evangélica en Estrasburgo, la llevaron a publicar, en agosto de 1524, una obra fuertemente polémica titulada Exculpación de Catalina Schütz en favor de su esposo, el magister Mateo Zell (quien es un párroco y siervo de la palabra de Dios en Estrasburgo) a causa de las grandes mentiras inventadas sobre él.
En ese escrito Catalina Schütz sostiene que su matrimonio con el predicador del evangelio podía abrir, a modo de ejemplo, un camino de renovación para el estilo de vida de todos aquellos religiosos que, presionados por el celibato eclesial, se encontraban atrapados entre la obligación de cumplirlo y la continua y extendida tentación de transgredirlo.
"La cuestión del celibato me preocupa cuando veo cuántas almas desde el pasado hasta ahora y todavía hoy son presa del diablo. Ello también fue una causa por la que yo ayudé a instaurar el matrimonio de los clérigos, llegando a concretar el primero en Estrasburgo -con la ayuda de Dios-, por más que en ese entonces de modo alguno estaba dispuesta a tomar un esposo. Pero cuando vi el enorme temor y la feroz resistencia, además también la gran fornicación, yo misma tomé un esposo, con lo que intenté abrir el corazón y un camino a todos los cristianos, como espero haya ocurrido. Por eso también hice un librillo, en el que señalé el fundamento de mi fe y la razón de mi matrimonio, del que muchos se sorprendieron grandemente. Porque nadie había percibido en mí una actitud, palabra o acción que denotara mi voluntad de contraer matrimonio [...]. Sobre cómo manejaba sus asuntos domésticos mi actual esposo antes de que yo fuera su esposa, es algo por lo que no asumo responsabilidad. De hecho, se manejó tal como querían el papa y los obispos, que prohiben el matrimonio -dado por Dios- pero permiten la fornicación -que Dios prohibe- Por eso yo lo desposé, teniendo en cuenta su estilo de vida y el de otros, proponiéndome ganar su alma y la de muchos, por la gracia y poder de Dios, como tengo la esperanza puesta en Él, de haberlo logrado."

El derecho a la palabra

Hoy no nos sorprendería tanto, pero en aquella época no era para nada común que una mujer que no era monja, sino ciudadana laica, difundiera públicamente sus opiniones mediante panfletos impresos, en abierta oposición y denunciando a reconocidos teólogos de su ciudad natal. Por eso, al final de su bíblica defensa del matrimonio para los clérigos evangélicos, con notable sutileza y humor Catalina Schütz reivindica para sí se le conceda al menos el mismo derecho a expresarse, al que -según la Biblia- le fue concedido a la asna de Balaam:
"Si se dijera que no me corresponde opinar, y que hay otra gente más preparada que yo para hacerlo, respondo: Una vez habló una asna y vio al ángel que el profeta no quería ver (Números 22). Entonces, ¿acaso resulta un milagro que yo hable la verdad, máxime cuando soy un ser humano? Y Dios dice por medio del profeta Ezequiel, en el capítulo 22: "Tú, criatura [orig. aleman: Kind] de ser humano, ¿no vas a juzgar a la ciudad maldita, y mostrarle todas sus malditas obras?" [...] Pues bien, alguien podría argumentar que allí dice: "Tú, hijo [orig. Alemán: Sohn] de ser humano", por lo que no va dirigido a una mujer, sino a los varones eruditos, y que además Pablo dice >que las mujeres callen<. Yo respondo que en Galatas 3,28 el mismo Pablo dice: >En Cristo no hay varón o mujer<, y que Dios en el profeta Joel, en el segundo capítulo, dice: >Voy a derramar mi Espíritu sobre toda carne y los hijos e hijas de ustedes profetizarán<; y además, cuando Zacarías quedó mudo, fue Elizabet la que bendijo a María, la virgen. Entonces, tómese también por bueno lo mío. No pretendo que se me escuche como a Elizabet, o a Juan el Bautista o a Natán, el profeta que le indicó a David sus maldades, ni como a otros profetas, sino sólo como a la asna, que escucha Balaam, el falso profeta."
Sin embargo, a pesar de las argumentaciones bíblicas, la resistencia ante esta mujer que difundía sus opiniones a través de la prensa se hizo sentir. El consejo de la ciudad ordenó la confiscación de su Exculpación y notificó a su esposo para que le impidiera seguir escribiendo y publicando.
No obstante esto, pocos meses más tarde, en noviembre de 1524, muy posiblemente fuera ella la que publicó anónimamente una refutación y cuestionamiento a un escrito del monje agustino Conrado Treger; éste había decidido advertir a la Confederación Suiza sobre el peligro que entrañaban los predicadores de la "herejía luterana" que actuaban desde Estrasburgo (entre los que además del esposo de Catalina: Mateo Zell, figuraban Martín Bucero, Wolfgang Capitón y Gaspar Hedión).

Consolar en tiempos difíciles

Pero no sólo para defensa de su matrimonio empuñó la pluma Catalina Schütz. Su primer texto impreso fue una carta a las mujeres de la vecina localidad de Kenzingen, escrita en julio de 1524. Con respecto a esa carta su autora señala lo siguiente:
"Encontramos consuelo suficiente en toda la Escritura, el que continuamente debemos tener ante los ojos de nuestro corazón. Mas cuando nos debilitamos en nuestra carne, en todo momento debemos recordarnos unas a otros la Palabra de Dios, en la que somos confortados por nuestra fe, que nos es común a unas y otros, como dice Pablo a los Romanos en el primer capítulo. Motivo por el cual hice imprimir una misiva de consolación, que escribí y envié a las desconsoladas mujeres creyentes en Kenzingen, cuando se encontraban en medio de su mayor dolor y dura impugnación, sin consuelo y abandonadas por todo el mundo. Porque ellas bien podrían haber dicho junto con David: >¿Señor, hasta cuando te olvidarás de nosotras, y esconderás tu rostro de nosotras? [...] ¿Hasta cuando nuestros enemigos estarán por encima de nosotras?< (Salmo 13). Y en el Salmo 22: >Somos un enojo para la gente y una afrenta para todo el pueblo [...]. Nos han rodeado muchos perros, la jauría de los malignos nos ha cercado<. Quizás alguna vez -gracia de Dios mediante- les interpretaré este salmo a los sufrientes a manera de consuelo. Así también esa carta, que les envié a las mujeres de Kenzingen, la mandé imprimir para consolar a todos los que están sufriendo."
Una mujer laica, seguidora y vocera de la reforma evangélica iniciada por Lutero, consolando mediante carta circular a un grupo de mujeres cristianas... ¿Qué situación, qué tipo de padecimientos entre aquellas mujeres, la había llevado a predicarles a sus >cohermanasDesde 1519, Jacobo Otter se desempeñaba como párroco en Kenzingen, una pequeña ciudad rural a 50 kilómetros de Estrasburgo, al otro lado del Rhin (en la Selva Negra). Allí había comenzado a manifestar sus simpatías por Lutero, predicando públicamente el mensaje del evangelio a los fieles de aquella villa. Sin embargo, durante la primera mitad de 1524, el rigor con el que se comenzó a actuar en contra de los seguidores de la reforma evangélica en los territorios bajo dominio directo de los Habsburgo, tuvo consecuencias para Otter y su comunidad.
A causa de presiones y amenazas directas por las tropas del archiduque Fernando de Austria -hermano del emperador Carlos V- y por el apoyo de las autoridades locales a ese tipo de política represiva en la región, el predicador evangélico se vio forzado a abandonar Kenzingen el 24 de junio de 1524. En solidaridad con él y tratando de brindarle cierta protección en su huida hacia Estrasburgo, unos 150 ciudadanos de Kenzingen lo acompañaron. Pero al regresar, las tropas del archiduque les impidieron volver a la ciudad, forzándolos a refugiarse en Estrasburgo.
Unos 80 de ellos pasaron la primera noche en la casa del matrimonio que formaban Mateo Zell y Catalina Schütz. Durante un mes éstos atendieron a entre 50 y 60 de ellos en su hogar. La situación de persecución desatada contra aquella gente era extremadamente difícil. De pronto sus familias habían quedado solas y sus esposas eran, en cierta medida, rehenes de las autoridades enfrentadas con la reforma evangélica.
El trato que se imponía a quienes no renegaban de la reforma era durísimo: el secretario del consejo de la ciudad de Kenzingen, Juan Kruss, fue ejecutado sobre las cenizas de una hoguera en la que se habían quemado los libros y las biblias luteranas. Es en medio de esa situación de amenazas, incertidumbre y persecución, que Catalina -como su "cohermana"- les escribe A las sufrientes y cristianas mujeres de la comunidad en Kenzingen esta profunda reflexión bíblica, tratando de ofrecerles consuelo y alentándolas a permanecer fieles al evangelio de Jesucristo.

Sacerdocio universal... también para las mujeres

Durante los 24 años de matrimonio y de tareas pastorales compartidas junto con su esposo (Mateo Zell falleció en enero de 1548) le tocaron vivir muchas situaciones difíciles. En lo familiar, los dos niños del matrimonio fallecieron a temprana edad. Y en cuanto a su compromiso cristiano, Catalina Schütz afirma haber "sobrellevado peste y muertes, visitado y consolado a los atribulados y sufrientes en los calabozos, las cárceles y durante los momentos previos a la ejecución". En esos espacios de desconsuelo y desesperación "enseñó" y dio testimonio ante Dios, "trabajando con el físico y la boca [...] como no lo hizo ayudante o capellán de iglesia alguno."
Durante la tremenda represión desatada contra los campesinos en 1525, ella recorrió las aldeas contiguas a Estrasburgo para "visitar a las pobres mujeres y niños, y consolarlas". En su casa acogió a los fugitivos, y no tuvo en cuenta apariencias sociales ni vanidades, sino que por igual iba "a las casas de la gente pobre y la rica [...] con todo amor, continuidad y compasión".
Fue justamente en la pastoral de consolación donde Catalina Schütz desarrolló sus dones en el ejercicio del sacerdocio universal de todos los creyentes. Al respecto ella misma relata: "Mi piadoso cónyuge, que valoraba esta tarea, solía llamarme su ayudante, por más que yo nunca haya subido al púlpito, algo de lo que no tuve necesidad para mis actividades, ateniéndome a la enseñanza de san Pablo, la regla para las mujeres creyentes, que él dio en su época."
En la comprensión del sacerdocio a la que Catalina fue llegando desde su rol como mujer cristiana evangélica, aceptó los límites que según su comprensión habían sido impuestos por el apóstol Pablo. Por eso excluyó conscientemente de su actividad la predicación desde el púlpito y la administración de los sacramentos. Pero, manteniendo silencio en el templo, aprovechó el espacio público fuera de él, difundiendo mediante la palabra impresa su opinión tanto con textos de denuncia como de consolación.
Catalina Schütz, viuda de Zell, falleció a los 65 años de edad, en 1562.

BIBLIOGRAFÍA

Mc Kee, Elsie Anne: Katharina Schütz Zell, (vol.1) The Life and Thought of a Sixteenth-Century Reformer; (vol.2) The Writings. A Critical Edition (Leiden, 1999)
Zorzin, Alejandro (trad.): (Catalina Schütz) >Misiva (circular) a las mujeres de Kenzingen<; en: idem:Curso de ubicación histórica. Cuestiones de método y análisis de memorias significativas en el peregrinaje de la iglesia cristiana (Desde sus primeros tiempos hasta nuestros días) [= Curso de Educación Abierta/ ISEDET]; (Buenos Aires, 1998); pp.244-249.

Este ensayo originalmente fue publicado en:
Revista Parroquial (IERP, Buenos Aires) Vol.102/7 (julio 1997) pp.4-7

1 dic 2001

Alberto Durero: Manos y rostros de los que sufren

Las críticas de Martín Lutero (1483 – 1546) a los abusos cometidos por la Iglesia Católica Romana suscitaron múltiples adhesiones entre sus contemporáneos. Entre ellos el artista alemán Alberto Durero (1471-1528) mostró interés y admiración por los escritos del reformador. Famoso por la maestría de sus obras, en muchas de ellas criticó en forma velada la violencia represiva que los señores feudales ejercían sobre el pueblo común


De tanto en tanto ilustran las páginas de esta revista reproducciones de grabados realizados hace 500 años por el artista alemán Alberto Durero. Hay varias razones para ello: la delicada maestría de sus láminas, su simpatía por el movimiento de Reforma protestante iniciado por Lutero y la enorme popularidad que ciertos motivos de su obra alcanzaron en los siglos diecinueve y veinte.

En algunos hogares evangélicos aún hoy es posible encontrar colgada en la pared una reproducción de las Manos unidas en oración (1508, imagen). Discretamente, con su etéreo y piadoso gesto, esas manos dan testimonio de la espiritualidad con la que se identifica ese hogar. Quien se detiene a observar la obra ve unas manos sin rostro, sin entorno, sin situación concreta. ¿Apenas un gesto piadoso fuera del tiempo y del espacio?

Admiración por Lutero

Alberto Durero nació el 21 de mayo de 1471 en la ciudad alemana de Nuremberg. Su padre (Alberto Durero, el Mayor), un destacado orfebre de buena posición económica, inició al joven Alberto en ese oficio tradicional en la familia. Luego fue aprendiz del famoso pintor y grabador nurembergués Miguel Wolgemut. Allí se perfeccionó en las técnicas del dibujo, la pintura y la reproducción de ilustraciones impresas mediante el grabado en planchas de madera.

Después de completar su formación, viajando e intercalando estadías de aprendizaje en los Países Bajos, el valle del alto Rin e Italia, se estableció como maestro con taller propio en Nuremberg. Su círculo de amistades incluía a miembros del Consejo, destacados y los predicadores Juan von Staupitz y Wenceslao Linck. Estos dos monjes agustinos pertenecían a la misma orden de Lutero, con quien mantenían fluida comunicación y de cuyos escritos eran asiduos lectores y difusores.

Su fama también vinculó a Durero con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano I, para quien realizó varias obras. Además conoció al reformador suizo Ulrico Zwingli y a Felipe Melanchthon (colega e íntimo colaborador de Lutero en Wittenberg).

En una carta que a comienzos de 1520 Durero envió a Jorge Spalatin (capellán y secretario del príncipe Federico de Sajonia) le expresa su admiración por Lutero, a quien esperaba poder conocer personalmente y retratarlo.

En su lectura de los escritos de Lutero, Durero había captado que para el cristiano lo fundamental no era exteriorizar su fe personal con obras piadosas y mediante el cumplimiento de innumerables exigencias eclesiales, sino creer confiadamente que la muerte liberadora de Cristo y el gratuito perdón divino de los pecados lo reconciliaban con Dios.

Desaparecido

Las duras críticas de Martín Lutero a los abusos de la Iglesia Católica Romana, difundidas entre 1518 y 1520 en decenas de miles de panfletos impresos, llevaron a que el papa León X lo excomulgara de la iglesia a comienzos de enero de 1521.

En abril de ese año, Lutero se presentó ante la asamblea de los representantes políticos que se reunió en la ciudad alemana de Worms, donde reconoció ser el autor de una serie de obras impresas y se negó a retractarse de lo que había escrito en ellas. Cuando regresaba hacia Wittenberg desapareció sorpresivamente en medio de un confuso episodio. En realidad había sido retenido por orden del príncipe Federico de Sajonia, máxima autoridad política en el territorio al que volvía Lutero. Por su seguridad, debía permanecer secretamente en un castillo ubicado en los bosques aledaños a la pequeña ciudad de Eisenach.

¿Cómo repercutió la noticia del „secuestro y desaparición “ de Lutero en sus seguidores (qué ignoraban que se trataba de un ardid de Federico para protegerlo)?

En las anotaciones sobre su viaje por los Países Bajos Alberto Durero nos legó un vivo testimonio de la indignación y el desconsuelo que le causó la noticia, que le hizo temer lo peor. Durero sospechaba que los responsables del secuestro y posible muerte de Lutero eran “la sede romana” aliada con la “injusta tiranía del poder secular”. Ellos eran quienes más se perjudicaban con la libertad que Cristo obtuvo para sus seguidores, descrita por Lutero en su obra La libertad del cristiano, de 1520.

“Si aun vive o si lo han asesinado, no lo sé, pero tuvo que sufrir esto por causa de la verdad cristiana y por haber criticado al impío papad, que con su pesada carga de imposiciones humanas brega contra la liberación que dio Cristo, y también porque así se nos roba y sustrae nuestra sangre y sudor, que tan vergonzosamente devora gente blasfema y ociosa, mientras la gente pobre y enferma debe morir de hambre. (...) El papa por dinero, traicioneramente y oponiéndose a Dios le quita la vida. (…) ¡Mira lo que ha hecho la injusta tiranía del poder secular y la fuerza de las tinieblas! (...)

Durero, que había leído los panfletos publicados por ese “justo varon, iluminado por el Espíritu Santo”, sabía del engaño religioso al que se sometía a la gente. El sistema elcesial cargaba sus desvaríos e imposiciones humanas sobre las conciencias para engrosar las arcas de falsos pobres, de monjes mendicantes que en retribución por sus oraciones e intercesiones ante Dios, recorrían las ciudades y así quitaban los mendrugos a la gente realmente pobre y desamparada que moría de hambre.

“Por eso todo aquel que lee los libros del doctor Martín Lutero, vea cuan clara y transparente es su doctrina, pues presenta al santo Evangelio. [...]. ¡Oh Dios, si Lutero está muerto, en adelante quién nos presentará el santo Evangelio con tanta claridad! ¡Ay Dios, qué más nos habría escrito todavía en los próximos diez o veinte años! ¡Oh, todos ustedes, cristianos piadosos, acompáñenme con fervor en el lamento por este individuo de espíritu divino y pidan a Dios que nos vuelva a enviar otra persona iluminada!”

Su “lamento por Lutero” muestra cómo lo había afectado la noticia, pero también revela que Durero combinaba un lenguaje de profunda piedad cristiana, impregnado de imágenes bíblicas, con una aguda percepción de la realidad social y política en la que estaba inmerso. Esa intensa combinación de fe y realidad se reflejó en sus óleos, sus dibujos y sus grabados; y sumada a la maestría de sus trazos, hace excepcionales sus obras.


Relectura del Apocalipsis


De la enorme producción de Durero se han conservado más de 500 obras, entre óleos y grabados en planchas de cobre y de madera, y más de 900 dibujos y bocetos. (Entre éstos últimos las famosas "Manos unidas en oración" (un boceto que realizó para uno de los doce apóstoles presentes en la "Asunción y coronación de María", un retablo que Durero pintó en 1508 por encargo del mercader Jacobo Heller de Frankfurt.)

En su taller, Durero no producía únicamente costosos óleos, que le encargaba una elite de altos dignatarios y ricos mercaderes. Mediante ilustraciones grabadas en madera o en cobre prefería reproducir cientos de láminas en blanco y negro, mucho más accesibles para el bolsillo de la gente común.

Con esta técnica, capaz de difundir masivamente el arte entre la gente, Durero ilustradó y actualizó magníficamente el Apocalipsis, a través de una serie de 16 grabados en madera, publicados por vez primera en 1498 y reeditados en 1511. En una de las láminas de la serie, el emperador y el papa aparecen a merced del ángel vengador (en el grabado, reproducido parcialmente en la imagen contigua, el emperador se reconoce por la corona real y el papa por la tiara de tres coronas). La injusta tiranía del poder secular y la fuerza de las tinieblas no escapan a la ira divina (Apocalipsis 9,13-19).


Para Durero, en mayo de 1521, esa eterna alianza entre las tenebrosas fuerzas eclesiales y el poder político volvía a derramar la sangre inocente de un varon iluminado como Lutero. Las imágenes del Apocalipisis bíblico, que él había poblado con personajes de su propio tiempo más de veinte años atrás, ahora volvían a cobrar vida: “Cristianos, ruegen a Dios por ayuda, pues su sentencia se acerca y se manifiesta su justicia” , escribía durante su viaje.

Pensando en el pueblo

Entre los motivos de ese arte para la gente, gozaban de gran popularidad las series de láminas representando la pasión de Jesucristo. Durero produjo tres series completas de la pasión de Jesús, en las que los personajes y los lugares actualizan el mensaje bíblico en medio de un paisaje y una realidad social muy similar a la que rodeaba a las personas que adquirían esos grabados.

En este arte renacentista cristiano contemplar el camino de la cruz no aleja de la realidad, sino que sumerge la vivencia de fe en medio del mundo. Así la Pasión mayor (serie de 12 grandes grabados en madera, publicados como librillo en 1511) muestra en su portada a un "Cristo doliente" expuesto a las burlas de su torturador.

Éste último viste a la manera de los soldados mercenarios en tiempos de Durero y Lutero. Y el Cristo, con sus manos devotamente entrelazadas y su mirada puesta en quienes miran la lámina, parece afirmar su disposición a encarnarse una y otra vez en el drama humano que le toca vivir a la gente.

Abatimiento, tristeza y soledad es también lo que transmite a quienes lo miran, el “Cristo doliente” en la portada para la Pasión menor (serie de 38 pequeños grabados en madera, publicados como librillo en 1511).



Una estocada por la espalda

Hay una gran sensibilidad en Durero para plasmar la dimensión violenta y trágica que impregnaba la sociedad de su tiempo. Sensibilidad que que afloró en el texto escrito bajo la impresión que le causó la noticia del “secuestro“ de Lutero. Por eso cabe preguntarse: ¿cuál pudo haber sido la opinión de Durero sobre los reclamos de los campesinos, a quienes tan vivamente retrató en sus dibujos y grabados? Es difícil saberlo, porque no quedan referencias directas suyas sobre aquellos sucesos.

En varias regiones alemanas, los campesinos habían comenzado desde mediados de 1524 a reclamar más libertades, menos impuestos y mejor trato por parte de sus señores. A comienzos del año siguiente empezaron a sublevarse masivamente contra la opresión de los poderosos. Pero la insurrección popular fue reprimida rápidamente con extrema violencia: miles de campesinos fueron masacrados por los ejércitos mercenarios de los príncipes. Los sobrevivientes fueron sometidos a un severo control y a condiciones de trabajo aún más duras que las que habían generado sus anteriores reclamos.

Un cuestionamiento abierto a esta política represiva de las autoridades podía generar serios problemas a quien se animara a hacerlo. Pero la crítica del artista se manifestó por otra vía. En 1525 Durero publicó un libro sobre aspectos teóricos vinculados a la confección de obras de arte. En un pasaje del mismo, dedicado al diseño de columnas conmemorativas, Durero ilustró sus recomendaciones con tres ejemplos. Entre ellos llama la atención el detallado boceto para una columna conmemorativa de la victoria de los príncipes sobre la insurrección campesina.

En el texto adjunto a los bocetos Durero explica que, en el diseño de este tipo de columnas conmemorativas, tradicionalmente suelen incorporarse “las armas del enemigo vencido, como prueba de su poder y peligrosidad.“

La fina ironía y la crítica solapada de Durero a la violencia represiva de los señores feudales surge, porque en la composición que él propuso para la hipotética columna de la victoria sobre los campesinos ¡no aparecen armas de ningún tipo! Durero solo incorporó las herramientas de trabajo, los enseres y los animales típicos de la paupérrima realidad campesina de su tiempo. Es cómo si preguntara a los poderosos de su tiempo: ¿dónde radica el „poder y la peligrosidad“ de ese „enemigo“ que tan violenta y represivamente han vencido?

Sobre un gallo y una gallina aprisionados en un estrecho corral (que sirve de contraparte a la base formada por ovejas, cerdos y bueyes maniatados) "va sentado un campesino apesumbrado y atravesado por una espada“, describe Durero en el texto. La espada clavada por la espalda y su postura lo dicen todo: ese “campesino abatido” es un “Cristo doliente”.

Alberto Durero falleció en Nuremberg el 6 de abril de 1528. Nunca vio realizado su deseo de encontrarse personalemente con Lutero. No pudo legarnos el retrato "de ese cristiano varón que a él le ayudó a superar grandes angustias ». Pero sí nos legó una vasta obra, incluidas sus Manos unidas en oración".

¿Manos sin rostro, manos sin entorno, sin situación concreta? ¿Apenas un gesto piadoso fuera del tiempo y del espacio? No. En la obra de Durero siempre son las manos de seguidores y seguidoras del Cristo doliente; son manos unidas en oración, sí, pero resistiendo la violencia de la injusta tiranía del poder secular y la fuerza de las tinieblas.


Bibliografía: Erwin PANOFSKY: Vida y arte de Alberto Durero, (Ed.
Alianza) Madrid, 1982


Este artículo fue publicado originalmente en:
Revista Parroquial (Iglesia Evangélica del Río de la Plata / Buenos Aires)
Año 106/12 (diciembre 2001) 14-17