28 oct 2009

Anabaptistas (II): Denck

"... Cristo, a quien nadie puede conocer realmente, si no lo sigue con la vida. Y a quien nadie es capaz de seguir, si no lo conoce antes."


La frase es de Juan Denck (1500 - 1527) y la escribió en su obrita >Lo que se pretende dicen las Escrituras< (1526).(1) Como ya lo indica Yoder - la frase inspiró el eslogan preferido de la tradición menonita: "Nadie puede conocer a Cristo, a no ser que lo siga en la vida." No obstante, en su versión original el planteo de Denck resulta menos fluido y permite intuir una densidad teológica mayor. ¿Cómo entendía Denck el seguimiento de Cristo "con la vida"? En otro pasaje escribe: "Para quien afirma alegrarse en la verdad pero no vive tal como enseña la verdad, sería mejor que no la nombrara." En las frases obviamente resuena el Evangelio de Juan: Jesús como camino, verdad y vida (Jn 14,6).


Denck había nacido en Heybach (Alta Baviera) y cursó estudios universitarios en Ingolstadt. Luego de trabajar un tiempo como corrector en una imprenta de Basilea, en 1523 fue contratado como director de la escuela asociada a la iglesia San Sebaldo en Nuremberg. (2) En aquella importante ciudad imperial libre el joven maestro estableció contacto con los círculos de intelectuales y artistas que simpatizaban con el movimiento de Reforma evangélico. A comienzos de 1525 fue acusado allí de adherir a doctrinas no cristianas. En Nuremberg el control sobre la "recta doctrina", que ya había hecho blanco en tres jóvenes artistas vinculados al taller de Alberto Durero, terminó por desplazar a Denck de su cargo obligándolo a abandonar la ciudad. A mediados de ese mismo año trabó contacto con anabaptistas suizos en los alrededores de St. Gallen. En otoño de ese año volvió a obtener empleo como maestro en la ciduad libre de Augsburgo. Allí se imprimen textos teólógicos de Denck y éste se vincula con grupos afines al anabaptismo en aquella ciudad. Bajo sospecha de haberse convertido en un líder de esa corriente evangélica disidente, debe abandonar Augsburgo. Hacia fines de 1526 pasa un mes y medio en Estrasburgo (de donde también se lo expulsa), defiende luego su postura a favor del bautismo de adultos en Landau, y a partir de febrero de 1527 se establece en la ciudad imperial libre de Worms. Alli publica varios textos más y junto con Luis Haetzer (1500 - 1529) realizan la primera traducción de los libros proféticos del antiguo Testamento al alemán (edición: abril 1527). Pero también en Worms la reacción oficial contra el intento de generar allí un espacio público para la práctica evangélica anabaptista (julio 1527) hace que él y sus cofrades se vean obligados a abandonar ese lugar. (3) A fines de agosto de ese año participa en el encuentro de líderes anabaptistas en Augsburgo. Desde allí regresa a Basilea, donde poco tiempo después muere víctima de la peste (noviembre 1527).


Denck era de la opinión que Dios no sólo se revela a través de los textos bíblicos, sino que también sigue haciéndolo cuando habla en el corazón de las personas. "La palabra de Dios está contigo antes de buscarla tú; ella te da antes de tú pedir; te abre, antes que tú golpees. Nadie llega por sí mismo a Cristo, a no ser que el Padre lo trajere [Jn 6,44]..." Ese Padre (dice Denck) es un Dios de amor, y se lo experimenta de una manera particular y plena en Jesús. Bajo el poderío del espíritu divino las personas puede sobreponerse al mal y durante toda una vida servir a Dios en santidad y justicia. "Santidad -escribe Denck en >Del amor verdadero< (Worms: 1527)- implica haberse apartado de una vez por todas del mundo malvado y de toda inmundicia carnal, para servir únicamente a Dios. Ello se evidencia y se testimonia mediante el bautismo con agua, dejando en claro que la vida previa se considera vacía y que en más se camina en una vida nueva." ¿Pero cómo llega una persona a ese punto de inflexión? Para Denck está claro que el impulso para el cambio siempre proviene de Dios: "Quien no aprende a conocer a Dios desde Dios mismo, no ha logrado conocerlo. Quien se esmera buscando a Dios, sin darse cuenta como Dios estuvo con él antes de haberlo empezado a buscar, todavía no lo encontró y se encuentra muy lejos de Él." Parecería quedar claro qué entiende Denck bajo ese "conocer antes", que en el seguimiento comprometido a su vez lleva a un conocimiento más intenso de Jesus. Para Denck carece de sentido postular una secuencia cronológica entre fe y praxis cristiana; Denck tampoco acepta contraponer la revelación de la verdad divina desde afuera con la que se da en el interior íntimo de la persona. La presencia y el accionar del espíritu divino genera una simultaneidad indivisible de ambas dimensiones; por eso para Denck no hay fe sin seguimiento (de Jesus), ni hay verdadero seguimiento cuando antes ya no se percibió la presencia (de Cristo).

Para Juan Denck el verdadero seguimiento cristiano se vuelve palpable en la práctica de una vida no-violenta: "A ninguna persona cristiana que se glorie del Señor le está permitido aplicar violencia y dominación. Porque el Reinado de nuestro Rey consiste únicamente en enseñanza y poderío del Espíritu. ... Quien ama al Señor, ... no debe olvidar qué caracteriza a un verdadero amante: a saber, que por causa del Señor se renuncia a cualquier violencia, aunque sin negarse a la sumisión bajo quien sea, igual que el Señor [Fil 2]."


En una época donde la estrechez religiosa iba de la mano con represión violenta, a la manera de "verdadero discípulo de Cristo", Denck trató de comunicar su fe poniéndola en práctica a la manera del Jesús que conoció antes.


(1) John Howard Yoder (compilador): Textos escogidos de la Reforma Radical (Buenos Aires 2008), pp.206-226 (cita: p.224)


(2) Ver "El anabaptismo en el Sur de Alemania y en Austria 1525-1527", en: George Hunston Williams: La Reforma Radical (México 1983), pp. 177-210.


(3) Ver en Yoder (comp.): Textos escogidos de la Reforma Radical, pp.231-233.

11 sept 2009

Memorias, Visiones & Testimonio


Acaba de ser presentado en la sede central de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) en Buenos Aires (Sucre 2855), el libro con mi investigación sobre su historia de ya largos 15o años.

Editado y distribuido por la IERP, el libro de 384 páginas [ISBN 978-987-9421-29-1] consta de dos partes: I. Gestación y desarrollo de una iglesia de origen alemán en la Cuenca del Plata (1842-1999), pp. 13-265, y II. Historias de vida evangélica alemana en la Cuenca del Plata, pp.267-348.

La contratapa resume el contenido del mismo de la siguiente manera:

"En Buenos Aires me topé con un pequeño oasis en el desierto ... en la ciudad e inmediaciones existe una congregación floreciente, y en el futuro si Dios quiere ... será el núcleo de todo un sistema eclesial en la República Argentina." Así escribía en 1853 el pastor R. Haak, al servicio de la corona prusiana durante una visita a América del Sur.

A lo largo de los siguientes 150 años, esta visión se convertiría en realidad, dando lugar a la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, con congregaciones en Argentina, Uruguay y Paraguay.

Este libro recoge testimonios de protagonistas clave de esa historia: inmigrantes protestantes alemanes, suizos y alemanes del Volga, y más tarde sus acriollados descendientes. Unos y otros vivieron su fe evangélica nucleados en congregaciones en medio de los desafíos impuestos por la realidad de los países que los acogieron.

En estas páginas, a la manera de un mosaico, documentos originales ciudadosamente seleccionados permiten al lector trazar el devenir de esas congregaciones y de la iglesia que conformaron. Traducidos en gran parte del alemán, muchos de esos documentos están aquí disponibles por primara vez en castellano. Breves introducciones los sitúan en el contexto de lo que en la época ocurría en la Cuenca del Plata y en Europa.

Alejandro Zorzin (Montevideo, 1955) es teólogo e historiador. La investigación y recopilación de los materiales que componen el libro se llevó a cabo en los países del Plata y en Alemania."


30 jun 2009

No-violencia cristiana (III): en vez de una milla, dos

Walter Wink (* 1935) es uno de los intérpretes más lúcidos de la Biblia. En su pequeña obra "Jesús y la No-violencia. Una tercera opción (2003)", presenta una relectura absolutamente novedosa de un pasaje clave del Sermón de la Montaña. Como la obrita de Wink ha sido publicada en inglés, ofrezco una traducción al español del segundo capítulo 2 de la misma.

"...a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla,
vé con el dos" (Mateo 5, 41)

A manera de tercer ejemplo Jesús trata la situación del caminar una segunda milla adicional. Con ello refiere a la práctica por cierto loable, de limitar el trabajo forzado que soldados romanos podían exigirle a la población de una región ocupada. Los judíos raramente se toparían con legionarios, a no ser en tiempos de guerra o de insurrección. Mas bien se cruzarían con tropas auxiliares acantonadas en Judea, que cobraban la mitad de la paga de un legionario, un grupo bastante problemático. En Galilea, Herodes Antipas sostenía un ejército según el modelo romano; presumiblemente con el mismo derecho a imponer tareas forzadas. A lo largo de las rutas regularmente había marcamillas. Un soldado estaba autorizado a cargarle su mochila a un civil, pero solamente por una milla; forzar al civil a cargarla más de esa distancia se penaba duramente en la ley militar. De esta manera Roma procuraba limitar el enojo de la población que vivía bajo su ocupación y, a la vez, mantener en movimiento a sus ejércitos. Sin embargo, la imposición recordaba de manera amarga a los judíos que eran un pueblo sometido incluso dentro de la tierra prometida.
A este gente orgullosa a la vez que sometida Jesús no les aconseja la revuelta. No se le da "apoyo" al soldado, se lo saca del camino y se le clava un cuchillo entre las costillas. Jesús era plenamente consciente de la inutilidad de una revuelta armada en contra del poder imperial romano y no disimulaba su posición, lo que le costaría la adhesión de los grupos revolucionarios.
¿Pero para qué caminar una segunda milla? ¿Acaso ello no equivalía a caer en el otro extremo, de ayudar y hacer causa común con el enemigo? No es así. Al igual que en los dos ejemplos anteriores, también aquí se trata sobre cómo los oprimidos puede recuperar la iniciativa, sobre cómo pueden afirmar su dignidad de seres humanos en una situación que por el momento no es dable modificar. Las reglas las impone el César, pero no la manera de cumplirlas - eso es cuestión de Dios, y el César sobre eso no tiene poder.
Imagínate la sorpresa del soldado, si llegando a la siguiente marca de milla y proponiéndose volver a cargar su mochilla (el equipo completo pesaba entre 30 y 40 kilos), tú le dices: -No, no, déjamela cargar una milla más.
Por qué habrías de hacerlo? ¿Con qué intención? Lo normal para él sería obligar a otro compatriota tuyo a cargarla; pero ahora tu lo sigues haciendo con gusto y no hay manera de pararte! ¿Se trata de una provocación? ¿Acaso lo consideras un debilucho? ¿Quieres ser amable? ¿Tratas de lograr que lo castiguen, haciendo parecer que él te obliga a caminar más de lo estipulado? ¿Tienes planeado elevar una queja en su contra? ¿Buscas generar lio?
Desde tu posición de servil cumplidor de órdenes nuevamente tu has tomado la iniciativa. Has tomado en tus manos la libertad de decidir. El soldado se pone inseguro, porque ya no puede predecir cuál será tu reacción. Nunca antes se ha visto enfrentado a una situación semejante. Tú lo forzaste a tomar una decisión para la que no cuenta con experiencia previa. Si hasta ese momento disfrutó el sentirse superior al sometido, ahora no lo disfruta. Imagina la comicidad de la situación generada con un legionario romano pidiéndole a un judió: -Vamos, por favor, devuélveme mi mochila! A los ojos de un santurrón, semejante escena puede no resultar graciosa, pero difícilmente no lo haya sido para el auditorio de Jesús; la posibilidad de confundir así a sus opresores les habrá parecido algo realmente bueno.
Algún que otro lector podrá cuestionar que sea bueno poner inseguro a un soldado o en ridículo a un acreedor. ¿Pero de qué otra manera podrían llegar a arrepentirse de lo que hacen personas que oprimen a otras, a no ser que se los haga sentirse incómodos cuando actúan así? Ciertamente existe el riesgo de emplear la no-violencia como una táctica de revancha y humillación. Pero también existe el riesgo del extremo opuesto, cuando sentimentalismo y suavidad confunden el amor incondicional de Jesus con "ser buenos". Con amor un enfrentamiento es capaz de liberar al oprimido de la docilidad y al opresor del pecado.
Incluso cuando la acción no-violenta no cambia de inmediato el corazón del opresor, sí modifica a quienes la ponen en práctica. Tal como lo confirma Martin Luther King, les proporciona un nuevo respeto ante ellos mismos y un coraje del que hasta ese momento no eran conscientes. Ante los ojos de los que tienen poder, las propuestas de Jesus para los que carecen de poder, les podrán parecer poca cosa. Pero para los que han vivido acostumbrados a agacharse, a arrodillarse y a achicarse ante sus amos, los que fueron internalizando el rol de sometidos, este pequeño paso es muy significativo. [...]

Los tres ejemplos aclaran qué es lo que piensa Jesús cuando propone: "No reaccionar violentamente contra quienes obran con maldad." En lugar de las dos opciones -huir o combatir- arraigadas dentro nuestro a lo largo de millones de años de reacción bruta e irreflexiva ante las amenazas biológicas del entorno, Jesús ofrece una tercera opción. Su alternativa marca una mutación histórica en el desarrollo humano: es una revuelta contra el principio de la selección natural [1]. Con Jesús surge un camino por el que se le puede hacer frente al mal sin verse reflejado por él:

- toma la iniciativa
- con creatividad búsca una alternativa a la violencia
- reclama tu propia humanidad y dignidad como persona
- enfrenta la fuerza con el ridículo o el humor
- rompe el círculo de la humillación
- niégate a ser sometido o a aceptar una posición de inferioridad
- pon en evidencia la injusticia inherente al sistema
- toma el control en el juego de fuerzas
- mediante vergüenza presiona al opresor al arrepentimiento
- permanece firme
- obliga a los poderes a tomar decisiones para las que no se prepararon
- toma consciencia de tu propia fuerza
- está dispuesto a sufrir antes que a devolver el golpe
- fuerza al opresor a verte de un modo diferente
- evita situaciones en las que resulte efectiva una puesta en escena de violencia por parte del opresor
- está dispuesto a sobrellevar penalización por violar leyes injustas
- piérdele el miedo al orden establecido y sus reglas


[1] Referencia a Gerd Theissen, Biblical Faith: An Evolutionary Approach (Fortress Press) Philadelphia 1985, p.122.